Concepto de enhiesto

La palabra enhiesto, semánticamente, es un adjetivo, que nos llegó desde el vocablo latino “inféstus” y significa, levantado, vertical, recto, derecho o erguido. Los comienzos de utilización del término, en la antigüedad romana, fueron en el ámbito bélico, ya que se aplicaba a colocar las armas en posición erguida y tiesa, frente al bando enemigo.

Se trata del participio pasivo correspondiente al verbo transitivo, pronominal y de conjugación irregular, poco usado, enhestar, que es la acción de alzar o erguir. En la Biblia, puede leerse, por ejemplo, en Lucas 13:11, que se dice de una mujer, que no se podía enhestar, por encontrarse agobiada.

En la actualidad, se aplica a todo aquello, material o inmaterial que permanece de pie, firme y derecho, sin que se tuerza o colapse, por ejemplo: “La bandera, sostenida por los soldados agotados por la lucha, seguía enhiesta aunque el resultado de la batalla no fuera el mejor, demostrando el patriotismo de los combatientes”, “El árbol permanecía inhiesto, a pesar de los esfuerzos de los leñadores para derribarlo”, “Tu enhiesta figura, era inconfundible frente a tantos, que se doblegaban frente al enemigo”, “Tras el huracán pocas viviendas permanecieron enhiestas”, “Mi amor por ti sigue inhiesto a pesar de la distancia” o “Es dudoso que la construcción permanezca inhiesta con cimientos tan endebles”.

Es una calificación que se usa más en ámbitos literarios que en lo cotidiano, podemos verlo, por ejemplo, en la obra del poeta de nacionalidad española, Gerardo Diego, perteneciente a la Generación del 27, donde dice en su soneto titulado “El ciprés de Silos”, que es un “surtidor enhiesto de sombra y sueño” para expresar que simboliza la fe inquebrantable y la elevación del espíritu. El poeta español, Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870) en su rima XLI, dice que él es la enhiesta roca, que aguarda el vaivén del océano, que representa a su amada de fuerza arrolladora, que debía romperse o arrancarse frente a él y su altivez, y no lo logró. También puede apreciarse en dichos populares, como el que expresa que “ante la fortuna adversa no hay casa que pueda permanecer enhiesta”.