Concepto de golosina

La palabra golosina, procede del adjetivo goloso, que se derivó del latín “gulosus” en el sentido de glotón o que siente gula o deseo excesivo por comer, más el sufijo “ina” que se traduce como “materia de”.

Una golosina (conocida como dulce en Chile, como chuche en España y como chuchería en Venezuela) es una comida dulce, en general de tamaño pequeño, de poco valor nutritivo, pero altamente energética, que resulta tentadora para todas las edades, por su agradable sabor, y también, muchas veces por su decoración, siendo los niños los más adictos a ellas, aunque muchos adultos también lo son, llamándose golosas a esas personas.

Una golosina, contiene nada o casi nada de vitaminas, proteínas y minerales, siendo alto su contenido en azúcares, grasas, sodio y aditivos artificiales.

Ejemplos: “En el kiosco venden unas golosinas tan ricas, que no puedo resistirme a comprarlas”, “Mi hijo come demasiadas golosinas y luego no quiere almorzar”, “Mi madre preparó unas ricas golosinas para el festejo de mi cumpleaños” o “Si sigo comiendo golosinas, engordaré mucho”.

Comer una golosina, que contiene muchas calorías, pero están vacías en nutrientes, de vez en cuando, es un placer que no perjudica a nadie, salvo que se padezca de diabetes, en cuyo caso está contraindicado, aunque existen algunas en el mercado que son aptas para estos pacientes, pero que también deben consumirse con mucha moderación. Sin embargo, consumir golosinas con habitualidad o en mucha cantidad, no es una sana costumbre sino todo lo contario. Las golosinas son causantes de hiperactividad, caries, obesidad, aumento de colesterol con el consiguiente daño al sistema cardiovascular, alergias, y pérdida de apetito que impide comer alimentos nutritivos.

En torno a la elaboración de golosinas se ha desarrollado una importante industria sumamente lucrativa, que da trabajo a muchas personas, y puede abastecer al mercado interno o destinarse a exportación, trayendo divisas al país.

No debemos usar las golosinas como regalo o recompensa para los niños. Es frecuente que las visitas lleven golosinas como obsequio para grandes y chicos, y eso es ofrecerles lo que les hace daño.

Las golosinas pueden ser reemplazadas por frutas, frutos secos (nueces, dátiles almendras, pasas) y en el caso de los chocolates, preferir (siempre en muy pequeñas cantidades) los negros y puros, que contengan un 70 % de cacao al menos, que ayudan a proteger el corazón y contienen antioxidantes.

Hablar con los niños explicándoles que la negativa a comprarles golosinas radica en los problemas que puede traerle a su salud, y los beneficios de consumir otras alternativas, los hará tomar conciencia de la importancia de una alimentación sana.