Concepto de hecatombe

la palabra hecatombe nos remite en su origen etimológico al griego ἑκατόμβη (léase hekatómbê) vocablo integrado por “hekatóm” que se traduce como “cien” y “bê” del sustantivo “bous” que se traduce como “buey”, puesto que la hecatombe hace alusión a cien bueyes que se destinaban al sacrificio para satisfacción de los dioses, en las celebraciones helenas de “hekatombaia”, con el fin de que las plagas, las sequías y las hambrunas no los afectaran.

Por extensión, pasó a significar cualquier hecho trágico que arroja víctimas y daños materiales. Es sinónimo de catástrofe, de caos o de tragedia.

Ejemplos: “Luego de las protestas violentas de la muchedumbre la hecatombe era inevitable: la gente corría asustada, mientras la policía trataba de detener a la turba enfervorizaba que rompía todo a su paso” o “Las guerras siempre producen grandes hecatombes, pero aun la humanidad no cesa de provocarlas”.

En el cine y la literatura, los argumentos basados en hecatombes son frecuentes, manteniendo en vilo al espectador o al lector. Muchas versan sobre el fin del mundo o sobre violencia extrema. también la pintura muestra imágenes trágicas, como, por ejemplo, el “Guernica” de Picasso, donde se representa con crudeza el bombardeo sobre ese lugar, durante la Guerra Civil española, acaecido el 26 de abril de 1937.

El novelista anglo-ruso William Gerhardie (1895-1977) escribió “Hecatombe”, donde combinando la sátira con la ciencia-ficción, relata las acciones de un científico poco cuerdo que desatará un apocalipsis.

A veces se usa también como sinónimo de extremo desorden, sin llegar a ser violento: “Mi vida es una hecatombe, no estoy para nada organizado”, “Tu cuaderno de tareas es una hecatombe, tienes todas las asignaturas mezcladas” o “Tu cuarto es una hecatombe, parece que hubiera pasado por allí un huracán”.