Concepto de masaje

Del latín, “massa” en el sentido de volumen, tomó el francés este término como “masser”, verbo que designa la acción de amasar, de donde se derivó “massage” para nombrar tanto a la acción como al efecto de amasar, siendo tomado luego el vocablo por el español, como masaje.

El masaje es una antigua técnica de manipulación corporal, utilizado ya por los pobladores de los primeros estados, como los egipcios, sumerios, chinos, indios, coreanos, japoneses, griegos y romanos, que consiste en frotar o presionar el cuerpo externamente, con fines terapéuticos (masoterapia) o de relajación (en los cuales se suelen utilizar aceites esenciales) o por simple placer.

Los masajes, sobre tejidos blandos (piel, músculos y tejidos conjuntivo y conectivo) sirven para aliviar tensiones y cansancio, eliminar contracturas musculares, y con ello menguar el dolor, mejorar la circulación sanguínea, el flujo linfático, para complementar la rehabilitación de lesiones, mejorar la estética, etcétera, pero hay que tener cuidado porque como toda técnica requiere que quien lo hace conozca el modo adecuado de efectuarlo, siendo los preparados para ellos los masajistas o fisioterapeutas.

Existen diversas técnicas de masajes, como, por ejemplo, el japonés o shiatsu, el chino o tui-na, el tailandés y el ayurvédico.

Deben evitarse aplicar masajes en el embarazo, especialmente en la zona torácica, a quienes han sido recientemente intervenidos quirúrgicamente, a quienes sufran inflamaciones en ganglios o vasculares, a quienes tienen infecciones en la piel y a quienes estén cursando enfermedades agudas, metabólicas, reumáticas, degenerativas, a quienes tengan problemas renales, entre otros casos. Por eso es conveniente consultar al médico antes de someterse a la técnica de masajes, o si se percibe que en vez de mejorar se siente peor tras la sesión. Se exceptúan de toda contraindicación, los masajes realizados de modo cariñoso y suave, con el objetivo de transmitir afecto o placer sexual.