Concepto de ceño

La palabra ceño, nos llegó desde el latín “cingŭlum”, que se refiere a un “ceñidor”, que es algo que ajusta o aprieta otra cosa.

La primera acepción de ceño, es la de aludir a cualquier objeto que ciñe o comprime. Aunque el verbo ceñir, en presente, del modo indicativo, es “yo ciño”, el ceño es el cerco o aro que cumple esa función.

Sin embargo, comúnmente, cuando hablamos de ceño, pensamos en un rostro arrugado, que expresa un estado anímico irritado, furioso o preocupado; o un dolor físico intenso; pues, del latín “cinnus” el ceño implica una señal, que denota esos estados anímicos mencionados, que se demuestran frunciendo el entrecejo o dejando caer el sobrecejo, aunque en algunas culturas, también lo es arquear los labios hacia abajo, en posición inversa a la sonrisa. La cara se arruga, denotando furia o pesadumbre, lo que causa una impresión negativa.

Es algo totalmente natural arrugar el ceño, contrayendo los músculos del rostro, de vez en cuando, especialmente en personas muy expresivas, que también sonríen con facilidad, revelando en su cara, cualquier estado emocional que los invade. Sin embargo, hay quienes pocas veces sonríen, y, en sus rostros solo se advierte ese aspecto desagradable de ceño fruncido constante, que hace que se cree una imagen de que son personas tristes, resentidas y amargadas.

Ejemplos de uso: “Mi padre siempre tiene el ceño fruncido, es una excelente persona, pero aparenta ser muy severo con esa expresión”, “Mi maestro frunció el entrecejo cuando leyó mi tarea, así que comprendí que tenía varios errores o no entendía mi caligrafía”, “Cambia tu expresión y sonríe, el ceño fruncido te hace ver antipático” o “Cuando vi como trataban al pobre animalito, no pude menos que fruncir el ceño y me enfurecí”.

Esa costumbre o hábito natural de fruncir el ceño, va dejando arrugas y surcos permanentes en el rostro, muy difíciles de quitar. Pueden hacerse ciertos ejercicios y masajes que pueden ayudar a minimizarlos, tratar de relajarse haciendo yoga o meditación; siendo el botox (toxina botulínica) o el estiramiento facial, las alternativas más cruentas para hacer desaparecer las líneas de expresión.

Por extensión, y como recurso literario de personificación, se aplica a aquellos fenómenos naturales que se muestran amenazadores, como, por ejemplo: “Me asustó el ceño del mar, que aparecía furioso e indomable, y decidí no adentrarme en sus aguas”.