Concepto de pediatría

La palabra pediatría nació de la unión de los siguientes términos griegos: “paidos” en el sentido de “niño” a lo que se añade, “iatrea”, que se traduce como “curación”.

La pediatría es una rama y especialidad de la Medicina que se ocupa de los niños (desde que nacen y hasta los 18 años) observando su crecimiento y desarrollo, previniendo trastornos y enfermedades, e intentando curarlos si aparecen, en forma clínica o quirúrgica.

Los pediatras deben realizar una especialización luego de recibirse de médicos en sentido general. Si bien hubo recomendaciones y prácticas médicas aplicables especialmente a los niños desde muy antiguo, como los “Papiros de Berlín” que datan del año 1450 antes de la era cristiana, es a partir del Renacimiento cuando se comienzan a estudiar a los niños con características distintivas en cuanto a su salud; y aparecen hospitales, clínicas y sanatorios dirigidos a su atención, aunque como rama científica independiente surge en Alemania y Francia en el siglo XIX. En 1852 se fundó el “Great Ormond Street Hospital” (Hospital de la calle Grand Ormond) en Londres, para niños que sufrían de enfermedades; y en 1915 se publicó el “Tratado de Pediatría” del español Andrés Martínez Vargas.

Cuando un bebé nace es atendido por el neonatólogo que examina su salud general, y en caso de necesitarlo, por haber nacido con algún problema, se ocupa de que le brinden cuidados especiales. Los niños prematuros, por ejemplo, pueden necesitar de incubadora por algunos días. Mientras sea bebé se necesitará llevarlo a controles periódicos al pediatra, quien lo pesará, lo medirá, lo auscultará, etcétera, para comprobar que se esté desarrollando de modo adecuado. La alimentación progresiva del bebé, incorporando alimentos gradualmente a partir de los cuatro o cinco meses, luego de haber comenzado con la lactancia materna; el control del desarrollo psicomotor, la prevención sanitaria mediante las vacunaciones, la atención en casos de enfermedades, son algunos de los temas por los que los padres recurren a los pediatras, profesión muy sacrificada, ya que madres y padres, especialmente si son primerizos, tienden a desesperarse ante cualquier síntoma de dolor o fiebre que aparece en los pequeños y necesitan diagnóstico y tratamiento rápido, para ellos, sea la hora que sea. Se requiere también de mucha paciencia y ternura para que concurran sin miedo a la consulta, y contenerlos en caso de estar doloridos.