Concepto de reflejo

Reflejo, del latín “reflexus”, es un vocablo integrado por el prefijo de regresión “re” y por “flexus” que se traduce como “doblar”, por lo que de acuerdo a su etimología un reflejo es una “vuelta hacia atrás”.

En Física, hablamos de reflejo para dar cuenta del resultado de un fenómeno que es el de la reflexión, producido por el cambio en la dirección de una onda, de luz o de sonido, lo que ocurre cuando la onda, al propagarse, llega a una interfase, continuando en el mismo medio. Así, por ejemplo, cuando vemos una imagen reflejada en un espejo, esto se explica, porque la luz llega por el aire, a través del rayo incidente, hasta la superficie del espejo (interfase) cambia su dirección y luego sigue su camino como rayo reflejado, por el aire, en esa dirección nueva.

En las ondas sonoras ocurre algo similar, pues se reflejan al encontrar en su camino un obstáculo que les resulta imposible evitar, no pudiendo traspasarlo ni rodearlo. Así se producen el eco y la reverberación.

En Biología, se conoce como acto reflejo incondicionado, aquel comportamiento involuntario que se presenta ante un estímulo, y que es característico de una especie o de un grupo de ellas, originado en la médula espinal sin que intervenga el encéfalo. La intensidad del reflejo es directamente proporcional a la del estímulo. Es innato; por ejemplo, el reflejo de succión en los recién nacidos de todos los mamíferos, o retirar el contacto de la piel ante una superficie muy caliente o helada, o cerrar los párpados cuando un objeto se aproxima al globo ocular. Además de los comportamientos externos y visibles, los reflejos pueden estimular las glándulas, como las mamarias, que se activan ante la succión del pezón, en las madres que han dado a luz.

Los reflejos también pueden adquirirse, por aprendizaje, ante la presencia de estímulos repetidos, que nos han creado un hábito, por ejemplo, cuando salimos de nuestras casas y cerramos la puerta sin pensarlo, porque ya lo incorporamos mecánicamente a nuestra conducta. Estos son los reflejos condicionados. No son innatos y son actos conscientes, interviniendo en ellos la corteza cerebral, aunque son involuntarios. El psicólogo ruso Iván Pávlov (1849-1936) experimentó con animales estos reflejos. Por ejemplo, acostumbró a un perro a recibir su alimento al unísono del sonido de una campanilla. Luego de un tiempo, el animal segregaba saliva, solo con escuchar la campanilla.

Por extensión, se aplica a aquellas conductas o imágenes que son idénticas o muy similares a otras, o expresan lo que está oculto, por ejemplo: “Este niño es el reflejo de su padre”, “Su bella sonrisa es el reflejo de su alma pura” o “Los buenos modales de tu hijo reflejan la buena educación que recibió”.