Concepto de refunfuñar

Refunfuñar es un verbo de primera conjugación, siendo una voz onomatopéyica que se aplica a la acción de emitir oralmente sonidos imprecisos y entre dientes, incapaces de ser comprendidos por las personas que intentan escucharlo, pues suena confuso, aunque sí es notorio que algo está queriendo expresar, pero no se atreve a decirlo a viva voz. A quien refunfuña se lo califica de gruñón.

Ejemplos: “Mi madre, luego de que la despidieran de su empleo, anda por la casa angustiada y refunfuñando”, “No puedo evitar refunfuñar, cuando algo me molesta”, “Te ves amargado y deprimido, deja de refunfuñar y busca relajarte y disfrutar de la vida” o “Refunfuñando no lograrás superar el problema, anda y enfréntalo”.

Quienes perciben a otro refunfuñando, tal vez adivinen lo que intenta decir, si conocen los motivos que lo llevan a hacerlo: “Mi amigo está enojado porque reprobó el examen a pesar de haber estudiado, y lo observo refunfuñando, seguramente, palabras de odio hacia el profesor al que considera que ha sido injusto”.

Refunfuñar es un tic nervioso temporal, pues nadie está refunfuñando todo el tiempo, y puede controlarse si se concentra en ello, y toma conciencia de lo que está haciendo, aunque aparece en forma involuntaria e irrefrenable ante situaciones estresantes, cuando la persona siente ira o rabia.

Surge el refunfuño cuando la mente está ansiosa y tensa, y se expresa a través del cuerpo, como sucede también en otros tics nerviosos, como guiñar un ojo o torcer la boca. En este caso se trata de un tic vocal, como el tartamudeo. Quien lo observa, se hace una opinión desfavorable de esa persona, que se nos representa como cargada de energía negativa.

Relajarse dando un paseo, haciendo ejercicios u otras cosas agradables, pensar positivamente, respirar profundamente, meditar, practicar yoga, hablar con un amigo de lo que nos pasa, o escribirlo en un diario íntimo, intentar alejarse de lo que causa daño o displacer, y expresar claramente lo que no nos atrevemos a decir, y por lo tanto, que no quede como una queja interna, puede ayudarnos a refunfuñar menos y disfrutar más, ya que el estrés acumulado puede dañar gravemente la salud psicofísica.

Por supuesto que refunfuñar alguna que otra vez, es normal y para nada preocupante, el problema es cuando se hace habitual.

En el libro “Qué puedo hacer cuando…refunfuño demasiado”, la psicóloga Dawn Huebner, brinda herramientas cognitivo-conductuales, para que los niños, ayudados por sus padres, puedan vencer el negativismo, con habilidades positivas, mostrando un nuevo modo de visualizar los obstáculos.