Concepto de revolución copernicana

Una revolución es un cambio profundo de la realidad socio-cultural o natural, y en este caso, se produjo, en el campo de la Astronomía, merced a los estudios de Nicolás Copérnico, y de allí su nombre.

Este cambio operó en el mundo de las ciencias, entre los siglos XVI y XVII, y permitió modificar, luego de catorce siglos de vigencia, la teoría geocéntrica tradicional, sustentada por Ptolomeo, que sostenía que el centro del universo era nuestro planeta, por la teoría heliocéntrica, que coloca al Sol como centro.

El astrónomo empirista griego Claudio Ptolomeo (100-170) afirmó que la Tierra carecía de movimientos, y que a su derredor giraban la Luna, las estrellas (incluido el Sol) y el resto de los planetas. Esta teoría era la que tradicionalmente había prevalecido, especialmente desde Aristóteles, pues de la observación de los astros desde nuestra posición, se los veía aparecer y desaparecer en el horizonte; y se diferenciaba de la que el astrónomo también griego, Aristarco de Samos (310 a. C-230 a. C) había propuesto, que era la heliocéntrica, donde el Sol, cuyo tamaño era mayor que el de la Tierra, ocupaba el centro del sistema. También se basó Aristarco, en cálculos geométricos. Descartada esta idea en la época, el heliocentrismo, tuvo como seguidor al astrónomo babilonio, Seleuco, que vivió hacia el año 190 a. C. quien intentó justificarla racionalmente. Sostuvo que no solo la Tierra giraba en torno al Sol, sino también sobre su eje, siendo posible que lo haya relacionado con los movimientos que hacen las mareas.

Nicolás Copérnico, astrónomo de nacionalidad polaca (1473-1543) vivió la época dorada del Humanismo y el Renacimiento, donde el oscurantismo medieval estaba dejándose de lado, y mediante la revisión de los datos obtenidos por astrónomos anteriores y algunas observaciones propias, formuló por primera vez su teoría heliocéntrica en el año 1507. Unos treinta años después comenzó a escribir su obra “Sobre las revoluciones de los orbes celestes” que se publicaría muy poco antes de su muerte, por el temor del autor de la reacción que su idea podía provocar especialmente en los círculos religiosos. Si bien sostenía que la Tierra no era el centro del sistema planetario, sino el Sol, conservó algunas ideas de Ptolomeo, como que el universo era de formato esférico, de dimensión finita y que los movimientos de los planetas alrededor del Sol, eran circulares. Los planetas Urano y Neptuno no fueron incluidos en su descripción por ser desconocidos en esa época. No consideró tampoco a las estrellas distintas del Sol, pues para él estaban fijas y lejanas.

Galileo Galilei, Johannes Kepler e Isaac Newton complementaron sus estudios y los perfeccionaron.

Dada la enorme trascendencia de este cambio de paradigma, en sentido amplio, se habla de revolución copernicana, para aludir a cualquier cambio de envergadura.