Concepto de suero

En el latín “serum” es donde encontramos el origen etimológico de la palabra suero, a su vez con raigambre en el indoeuropeo “ser” en el sentido de “fluir”.

El suero es la parte de la leche, de la sangre o de la linfa, que permanece en estado líquido luego de haberse coagulado el resto, al estar fuera del organismo.

El suero de la leche se obtiene en la elaboración de quesos. Al coagularse la leche, queda un líquido de color amarillo verdoso y de sabor dulce, que fue descartado por muchos años, hasta que se comprobó que es una fuente importante de nutrientes, ya que contiene lactosa, proteínas globulares, minerales y grasas, más un 94 % de agua.
El suero de la sangre está contenido en el plasma, que es el elemento líquido de la sangre. Componen el plasma, además del suero, factores de coagulación (fibrinas). El suero sanguíneo es un líquido amarillento, que no contiene fibrinógenos, ni glóbulos blancos o rojos. Está formado mayormente por agua; es fuente de electrolitos, y se disuelve con hormonas, proteínas, minerales y dióxido de carbono. No es coagulante.

El suero inmunológico se obtiene de la sangre de animales a los que se ha vacunado contra una determinada enfermedad infecciosa, y como consecuencia, contiene los anticuerpos que el animal elaboró para combatirla. Por eso, cuando se inyecta en el organismo humano, se le está confiriendo inmunidad contra ese microorganismo.

También es suero, en este caso fisiológico, la disolución estéril de agua y de sal de mesa, que, para restablecer el estado de salud, se inyecta en la sangre, para evitar la deshidratación del paciente o alimentar sus tejidos. Su creador fue Hartog Jacob Hamburger de origen holandés, en 1896. Se lo usa, además, para colocar en él otras medicinas que el enfermo necesita y así aprovechar la misma vía de ingreso; y en la fecundación “in vitro”.