Concepto de apuesta

Apuesta es la acción, y a la vez, también el efecto, del verbo irregular de primera conjugación “apostar”, del latín “apponere”, integrado por los siguientes términos tomados del latín: el prefijo de aproximación, “ad”, “positus” cuyo significado es “puesto” y “ere”, sufijo formador de verbos. Lo que se pone en una apuesta es dinero (a veces otros bienes) con el fin de obtener una ganancia; si se cumplen ciertos resultados, que solo la suerte, determinan, sin tener modo de asegurarlos.

Ante la inseguridad e incertidumbre que genera apostar, que se basa en simples suposiciones, cálculos de probabilidades o antecedentes, el riesgo es lo que predomina; y aunque puedan tomarse ciertos recaudos, la previsibilidad nunca puede ser lo que predomine.

Pero ese riesgo conlleva otro mayor; que es adquirir el vicio de apostar, convirtiendo a la persona en ludópata, lo que puede llevarla a su propia ruina y la de su familia.

Ejemplos: “He apostado todo mi dinero a la ruleta a un número que soñé, espero que salga o quedaré en la ruina”, “Aposté a un caballo que me dijeron era “fija” que ganaba, y, sin embargo, fue superado por otro, que no se perfilaba vencedor” o “Aposté a un número en la lotería que hace mucho no gana, y a otro al que vengo apostando hace ya tiempo; en algún momento tendrán que salir”.

Las apuestas pueden ser hechas en juegos de azar como la ruleta, la quiniela, la lotería o el bingo; o en juegos de naipes, donde la suerte se combina con estrategias; o en competencias deportivas, donde se apuesta con algún fundamento mayor, que es la confianza que emana de cada uno de los competidores. También puede apostarse en la Bolsa de Valores, donde se compran y venden acciones, que suben y bajan su valor, implicando un gran riesgo.

La popularización de Internet, ha hecho que las apuestas se puedan realizar por ese medio, que permite hacer las apuestas de modo fácil, lo que aumenta aún más el riesgo.

Legalmente, la apuesta es un contrato aleatorio, donde el que recibe la apuesta se compromete a pagar al apostante la suma de dinero convenida, si el resultado es el esperado por el apostante. Cada Estado regula las apuestas de modo diferente, siendo en algunos casos legales, y en otras ilegales.

Hablamos, por extensión, de apuestas, cuando alguien invierte tiempo, sentimientos y/o dinero, o simplemente su palabra, en un proyecto o relación en los que confía, por ejemplo: “Apuesto a que este matrimonio funcionará, pues hay amor”, “Apuesto a que obtendré mi título en cuatro años”, “Aposté a nuestra amistad, y me has defraudado” o “Apuesto mi palabra a que llegarás a ser una persona muy importante socialmente”.