Concepto de arrodillado

La palabra arrodillado, hace referencia al efecto de arrodillarse, que es ponerse en una posición tal, voluntaria o coercitivamente, que una o ambas de sus rodillas, se apoyen en el suelo. La palabra rodilla, procede del latín, “rotella”, siendo diminutivo de “rota” en el sentido de “rueda”, aludiendo a su formato redondeado, y, que, en el ser humano, es la articulación medial de la pierna, que sirve de unión entre el muslo y la pantorrilla.

La acción de estar arrodillado, se denomina genuflexión. La gente puede estar arrodillada, por muchos motivos. Uno de ellos, es hacerse más pequeña, para poder llegar más cómodamente a lugares de menor altura, y otro, para hacer ciertos tipos de ejercicios. Por ejemplo: “El padre está arrodillado para jugar con su pequeña hija” o “Estoy ejercitando mis brazos, y estirando el tronco, mientras permanezco arrodillado”.

El gesto de estar arrodillado, es una señal de sumisión y respeto, hacia algún símbolo, una divinidad o alguien a quien se considera de valía superior, o a quien se le quiere rogar un perdón o una concesión. En la Edad Media, los vasallos se arrodillaban frente a su Señor Feudal, como muestra de fidelidad y obediencia, y, es una práctica común en la religión cristiana, al menos desde el siglo XVI, como muestra de adoración a lo que consideran divino y sobrenatural. La genuflexión de los cristianos se hace con la rodilla derecha, a diferencia de la honra que se brindaba a reyes y nobles, donde era con la izquierda. Los cristianos, que se arrodillan, flexionando hasta el suelo la pierna derecha, conservan el torso erguido, y lo hacen al pasar frente al sagrario, donde se guarda la hostia sagrada. También suelen arrodillarse para rezar, flexionando ambas rodillas. Ante el Papa, se lo hace solo con la rodilla izquierda. Sin embargo, los cristianos no se arrodillan frente a poderes terrenos.

Este gesto de arrodillarse, en el ámbito civil, es muy frecuentemente usado, como tradición, cuando el novio, le pide a su amada, su mano en matrimonio; como muestra de respeto y de deseo de crear un vínculo de honestidad duradero.

En el siglo XXI, se lo comenzó a usar como modo de protesta pacífica, y, a la vez de ruego por justicia, para que acaben las discriminaciones raciales. Esta práctica, surgió, en Estados Unidos, tras la muerte de George Floyd, acaecida el 25 de mayo de 2020, víctima de la brutalidad policial. Uno de los agentes, arrodillado sobre su cuello no lo dejaba respirar, situación que la víctima reclamaba, sin ser oídas sus súplicas.

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