Concepto de cementerio

La palabra cementerio, procede del griego. κοιμητήριον (koimêtêrion) y se traduce como “dormitorio”. Pasó al latín como “coemeterĭum”, y de allí al español. En los cementerios se depositan los cadáveres humanos (aunque existen algunos cementerios de animales) para su descanso, de allí la similitud con un dormitorio, como nos remite la etimología del vocablo, aunque en el caso de los murtos el reposo es eterno. Para el cristianismo los muertos duermen hasta que ocurra la resurrección. También se conoce al cementerio, como camposanto.

Las personas fallecidas, llegan al cementerio para ser enterradas o colocados en nichos, mausoleos, criptas o panteones; pudiendo estar el cuerpo envuelto en telas, o colocado dentro de féretros, según la cultura y religión de cada uno. También pueden ser depositadas en el cementerio, las cenizas de un muerto, que haya sido cremado. Los cementerios, en la actualidad, pueden ser públicos o privados.

Remontándonos a la historia de los cementerios, podemos mencionar que los etruscos incineraban a sus muertos, mientras que otras culturas como la egipcia y la griega, les construían edificaciones suntuosas como pirámides y mausoleos. Entre los romanos de la época primitiva, el moribundo era puesto sobre la tierra húmeda, hasta que expiraba y entonces sus familiares les cerraban los ojos, mientras era llamado tres veces, rindiéndoles honores para que su alma no errara por milenios. A posteriori, en el templo de Libitinia se anunciaba el hecho, se preparaba el cadáver, y se lo velaba por días. Luego, un cortejo conducía al muerto hasta el lugar de enterramiento. Al principio, estaba permitido enterrarlos dentro de la ciudad, tal vez en sus propias casas o jardines; pero la ley de las XII Tablas, a mediados del siglo V a. C, lo prohibió, por razones de salubridad, debiendo hacerse fuera de la ciudad de Roma, en lugares privados, que pasaban a ser cosas religiosas, fuera del comercio.

Paulatinamente, se fue sumando la costumbre de incinerar los cadáveres, especialmente en las clases más favorecidas económicamente. Esto duró hasta la adopción del cristianismo que comenzó con la práctica de establecer cementerios, construyéndose allí capillas para celebrar oficios para el descanso del alma. Algunas personas prestigiosas podían ser enterradas, dentro de las propias iglesias, aunque varias veces, esto fue prohibido por normas eclesiásticas.
En obras literarias y artísticas, los cementerios, son el marco muchas veces elegido para ambientar temas de terror. Podemos nombrar por ejemplo, la novela de terror “Cementerio de animales”, que escribió Stephen King, de nacionalidad estadounidense, en el año 1983. La obra fue llevada al Cine, en 1989.

Por extensión, se le dice cementerio, a los lugares que se destinan a dejar abandonas chatarras o a tirar residuos, por ejemplo: “La Municipalidad ha incautado rodados abandonados, y los ha dejado en un cementerio de automóviles”.

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