Concepto de austero

La palabra austero es un adjetivo que se originó en el latín “austerus”, que hace alusión a lo que es dificultoso o áspero.

Se aplica por un lado a aquel o a aquello, que es sobrio, moderado y carente de lujos y suntuosidades; y por el otro, a quien es estricto y apegado en el cumplimiento de las normas. Un tercer uso, aunque poco empleado es el de agrio o áspero.

En el sentido de sencillo y moderado, podemos por ejemplo usarlo en los siguientes casos: “Me acostumbré a ser austero en mis gastos pues ganaba poco dinero, y ahora que me va mejor y gano más, no me acostumbro a comprar nada suntuoso”, "En el restaurante me sirvieron un plato muy austero aunque el precio era caro", “La política austera del gobierno, que redujo al mínimo el gasto público se está haciendo sentir, y la gente está sufriendo carencias en materia de educación y salud”, “El arquitecto me armó el plano de mi casa, pero me pareció austero, le faltan algunos detalles ornamentales” o “Hizo una fiesta tan austera que los invitados se quedaron con hambre”.

Los gobiernos implementan políticas austeras en épocas de crisis, como ocurrió en Cuba en el llamado “período especial” que sufrió en los primeros años de la década de 1990, una grave depresión económica. Otro caso particular de austeridad fue el aplicado en Israel entre los años 1948 y 1959, tras su independencia, donde incluso, hubo racionamiento de los alimentos.

Hay quienes son austeros por necesidad, pues no pueden darse ciertos placeres o incluso cubrir sus necesidades básicas pues sus ingresos son ínfimos, aunque algunos no se resignan a ello, y se llenan de deudas por negarse a la austeridad; y otros, son austeros pues no les gustan los lujos, y prefieren vivir de modo sencillo. Diferente es el caso del avaro, que a pesar de querer cosas o poder ayudar a los demás, no lo hace, pues le gusta acumular dinero.

En la Ética, la austeridad se identifica con la modestia, virtud preconizada por los ascetas, que a través de la privación de los placeres materiales realizan la búsqueda de la purificación interior, y también muy valorada por el cristianismo, donde lo importante es lo espiritual y no lo material. San Agustín decía, que no hay que querer de más, pues esa abundancia causa agobio.