Concepto de baldío

La palabra baldío es de origen árabe. Surgió a partir de “balyd” en el sentido de aquello que carece de valor.
Si bien se aplica a cualquier cosa, hecho o conducta vana, que no fructifica ni produce resultados satisfactorios; su uso más frecuente es con relación a los terrenos, que se califican de baldíos, cuando no están aprovechados, sean rurales, y que no se cultivan, o los urbanos sin edificar.

Los terrenos baldíos, especialmente en los centros urbanos son un grave problema para la sanidad pública, pues en su mayoría están abandonados o semi-abandonados, cubiertos de malezas que son el refugio ideal de insectos y roedores. La mayoría de los municipios castiga con multas a quienes tengan baldíos con características evidentes de descuido que puedan afectar a los vecinos, con penas de multas.

Además, los baldíos son el sitio ideal para la comisión de delitos, especialmente contra la integridad sexual, por lo cual, deben estar cercados, para impedir el ingreso de cualquiera, que lo haga con diferentes fines.

Como toda propiedad inmueble el dominio de los baldíos consta por su inscripción en el respectivo Registro de la Propiedad Inmueble, y son susceptibles de prescripción adquisitiva o usucapión si están en abandono y alguien paga los impuestos y lo cuida por 20 años, ante la pasividad de su dueño.

Ejemplos de uso: “En la esquina de mi casa hay un terreno baldío y trato de evitar pasar por allí porque a la noche puede ser peligroso”, “Tu casa parece un baldío por lo descuidada que la tienes”, “Compré un terreno baldío y ya empecé a edificar”.

“El Baldío” es un cuento del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos (1917-2005). Es auto-referencial y trata de los oscuros años de la dictadura militar en su país que lo llevó al exilio hacia Argentina y luego a Francia. Describe en el cuento, que da lugar a varias interpretaciones, dos siluetas en la oscuridad de un baldío, una arrastrando a la otra en la maleza, hasta que de repente encuentra a un niño recién nacido llorando, tirado en el basural, encontrándose en un momento y en un lugar fétido y horrible, la vida que empieza y la que acabó; y un mismo hombre que tironeaba de un cadáver ahora se ve conmovido por el pequeño desamparado.