Concepto de blasfemia

a palabra blasfemia, procede del griego βλασφημία (léase blasphēmía) de donde pasó al latín como “blasphemĭa” significando “palabra injuriosa”.

Una blasfemia, en sentido estricto, es un dicho que ofende a la divinidad, aunque puede emplearse en sentido amplio para designar cualquier expresión verbal que resulte injuriosa, contra algo o alguien superior.

Considerando el sentido estricto, la blasfemia es un acto pecaminoso, condenado por la religión, y, en muchos casos, por las normas jurídicas, considerado un delito, desde la antigüedad, especialmente en las monarquías teocráticas, donde el propio rey era también una figura divinizada.

En el Antiguo Testamento, en el libro del Levítico, el que cometiera blasfemia era merecedor de la pena de lapidación. Los emperadores politeístas romanos, persiguieron y castigaron a los cristianos, acusándolos de blasfemos, pues ofendían con sus creencias a sus dioses; pero, adoptado el cristianismo por el Imperio Romano como religión oficial en el año 380, los blasfemos pasaron a ser los paganos, siendo castigados, según el Código del emperador Justiniano, con la pena capital.

El Derecho Canónico, diferencia la blasfemia directa que se hace contra Dios, de la indirecta, que ofende a la Virgen María, a algún santo o a los sacramentos.

En el siglo XIII, el Papa Gregorio IX, impuso penas a los blasfemos, cuya condena estaría a cargo el obispo, que se aplicarían en siete semanas seguidas, además de una pena de multa. Los viernes debía el blasfemo, ayunar, y en al menos uno de ellos, dar de comer a los pobres. Los domingos, el blasfemo no podría ingresar a la iglesia, debiendo quedar en la puerta, y el último de los domingos, estaría descalzo y con una soga en su cuello.

En el Quinto Concilio Lateranense, celebrado en Roma, entre el 3 de mayo de 1512 y el 16 de marzo de 1517, se dispuso que al blasfemo clérigo se le suspenderían sus beneficios por el término de un año, y los perdería en caso de reincidencia. Si no era un religioso, las penas eran de multa, o de cárcel si no pudiera abonarlas.

En el siglo XVI, a los blasfemos se les perforaba la lengua, y si reincidían, eran azotados, encarcelados, condenados a las galeras o desterrados.

Por extensión, también son blasfemias, los gestos y acciones de desprecio hacia las imágenes sagradas y objetos de culto, como romperlas o escupirlas.

Fue recién con la Revolución Francesa de 1789, que introdujo la idea de libertad de expresión y religiosa, que fue abolida en Francia, la blasfemia como delito.

Sin embargo, aún es delito en muchos países, especialmente en los de religión musulmana, como en Pakistán donde la pena es la reclusión perpetua y hasta la muerte. También lo es en varios países occidentales, como Alemania, Italia, Brasil, Grecia, Finlandia, Suiza, etcétera. En España se lo llama escarnio, y se castiga con pena de multa; y de prisión si se trata de profanaciones en templos.