Concepto de caballero

La palabra caballero puede emplearse como sustantivo o como adjetivo y procede etimológicamente del latín “caballarus”, de “caballus” que se traduce como “caballo” más el sufijo de pertenencia “arius”. De acuerdo a su origen, un caballero es la persona que monta un caballo, que en la antigüedad griega y romana denotaba una condición social vinculada a la nobleza, caracterizada esta clase por sus modales refinados, especialmente en la Edad Media. Es por ello que como adjetivo, se le dice caballero a aquel hombre que tiene un comportamiento gentil, honrado, respetuoso y amable. En España se trata de los hidalgos.

Ejemplos: “Se portó como un verdadero caballero, me acompañó hasta mi casa y esperó que mi madre abriera la puerta antes de irse, pues ya era tarde y temía por mi seguridad” o “El médico es muy caballero, no me ha cobrado algunas consultas, me llama a mi casa para ver como evoluciona mi enfermedad y hasta me consigue muestras gratis de remedios”.

Como sustantivo, los Caballeros son títulos que obtenían ciertos ciudadanos o súbditos. Entre los antiguos romanos, los comicios centuriados dividían a los ciudadanos de acuerdo a su fortuna, siendo la primera clase la que integraban los caballeros o equites, que eran los de mayor riqueza. Había 18 centurias de caballeros formadas por los ciudadanos que tenían más de 100.000 ases. Se necesitaba mucho dinero para mantener a los caballos y por eso solo los ricos los poseían.

En la Edad Media, un caballero era un guerrero cristiano que montado en su caballo servía al Rey a su Señor Feudal, a quienes les había jurado fidelidad en una ceremonia ritual que se conocía como “homenaje”. Durante las Cruzadas, los Caballeros conformaron las órdenes militares del Señor o Rey para el cual servían, haciendo además votos monásticos. Así nació por ejemplo, la Orden Templaria, fundada en el año 1118, luego de la Primera Cruzada, donde se logró en el año 1099 conquistar Jerusalén. Fueron nueve caballeros franceses sus fundadores y se hizo con el objetivo de proteger a los cristianos que se dirigían en peregrinación a Jerusalén. La orden fue disuelta en 1312.

Francisco de Quevedo tituló a una de sus poesías “Poderoso Caballero es don Dinero” donde personifica a la riqueza, a la que le atribuye la cualidad de ser muy poderosa en todo tiempo y lugar.

La novela del escritor estadounidense, Robert Fisher, “El Caballero de la armadura oxidada”, relata la historia de una persona que se encierra en sí mismo, en su propia armadura, que se oxida y se pega a su cuerpo. Es el mago Merlín el que conducirá al caballero, quien acompañado por la ardilla y la paloma mensajera, irá por la senda que le permitirá quitarse la armadura, escuchando su propia voz interior (Sam) y abrirse al mundo. Para eso debió atravesar tres castillos: el del Silencio, el del Conocimiento y el de la Voluntad y Osadía, hasta llegar a la Cima de la Verdad, donde descubrió la importancia del amor y pudo liberarse de la armadura.