Concepto de cajero

La palabra cajero procede del latín “capsarius”, integrada por “capsa”, que si bien en sentido general es un receptáculo donde se guardan objetos, en este caso, específicamente, se trata, de un recipiente metálico, que resguarda medios de pago, principalmente dinero, más el prefijo que designa la profesión, “ero”.

Un cajero es la persona encargada de controlar las entradas y salidas de la caja, en un establecimiento comercial o entidad financiera, donde se recibe en el primer caso dinero de los clientes, se les da vuelto, se les restituye importes cobrados indebidamente, se paga a los proveedores, etcétera, y, en el segundo se les recibe o devuelve sus depósitos, se cambian cheques, se cobran cuotas de crédito, etcétera. El cobro de impuestos y servicios, es una tarea que cumplen habitualmente los cajeros de banco, y en ocasiones, algunos cajeros de comercios.

Las entidades comerciales, cuentan, en general, con cajas registradoras, que son aparatos mecánicos o electrónicos, que tienen un compartimento donde se guarda el dinero, que se abre después de una transacción comercial, y que calcula y registra las operaciones, que opera el cajero, para hacer más ágil y segura su tarea.

Con la proliferación del pago a través de tarjetas de crédito y débito, se incorpora la posibilidad de que el cajero pase las tarjetas que les da el cliente, que tiene legítimamente en su poder, lo que debe corroborarse mediante su cotejo con su documento de identidad o pasaporte, por un lector, para saber si están autorizadas y debite de allí su importe si es de débito o le genere una deuda al cliente, con el banco emisor, si es de crédito. La tarea del cajero es de mucha responsabilidad, pues, si se equivoca, deberá responder con su salario por las faltas de caja que pueda haber al final del día, cuando haga el arqueo, donde debe coincidir el dinero que se encuentra allí, con los saldos de las operaciones efectuadas.

También los cajeros, son el blanco de ladrones, que pretenden llevarse la recaudación, por lo cual, es una profesión de riesgo.

Muchas personas han sido reemplazadas por autoservicios de cajeros, donde son los propios clientes los que pasan el código de cada mercancía por un lector, que les va calculando lo que gastan y luego se los debita de sus tarjetas.
Ejemplos de uso: “El cajero me dio dinero de más en el vuelto y se lo devolví, porque si no es él quien debe reponerlo en la caja”; “el cajero fue muy gentil, cuando me avisó, al llegar a la caja, que uno de los alimentos que tomé de la góndola tenía el envase mal cerrado y me lo cambió por otro en buen estado” o “El delincuente apuntó al cajero con un arma para exigirle el dinero”.

Con el avance de la tecnología, también han aparecido los cajeros automáticos, que prescinden de la persona física, la que es reemplazada por una máquina, que está conectada con un banco de modo informático, donde el cliente puede retirar dinero de su cuenta, depositar, realizar transferencias etcétera, valiéndose de un plástico entregado por la misma entidad, que cuenta con claves de seguridad para evitar que sean utilizadas por extraños en perjuicio de su dueño.

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