Concepto de calzado

La palabra calzado, procede en su etimología del vocablo latino “calceus”, a su vez derivado de “calx”, que se traduce como talón. Los romanos llamaban así a la indumentaria que utilizaban para cubrir sus pies.

Dentro de los calzados que se usan actualmente podemos encontrar chinelas, sandalias, zapatos, botas, alpargatas, zapatillas, zuecos, etcétera.

Proteger los pies ya sea para impedir que al caminar sobre superficies cortantes o punzantes se lastimen, evitar picaduras de insectos o mordeduras de animales, resguardarlos de la suciedad y del frío, ha sido una preocupación humana muy remota, ya que el calzado aparece como parte del atuendo, desde al menos unos 15.000 años atrás, desde la Prehistoria, cuyo arte, plasmado en las pinturas rupestres, ya lo testimonian; aunque seguramente lo habitual era caminar descalzos.

En el antiguo Egipto, las sandalias hechas con hojas de palmera o paja trenzada se reservaban para usarlas en las ceremonias. En la Mesopotamia asiática, su uso era más extendido.

Entre los griegos y romanos, los calzados se diferenciaban en su confección y diseño según las clases sociales. Conocieron también las botas. El legislador espartano Licurgo, que vivió tal vez en el siglo VII a. C solo permitía que se usara calzado para la caza, viajar por las noches o en las batallas.

Los aborígenes americanos, usaban ojotas o alpargatas, pero solían andar descalzos, salvo el cacique y otras personas que ostentaban poder, que usaban “usutas”, que eran una especie de sandalias.

Los calzados cerrados, aparecieron masivamente, a fines del siglo IV, y es lo que conocemos como zapatos, a diferencia de las sandalias que dejan ver los dedos del pie y el talón. Las botas también ya eran conocidas, hechas con cueros de animales, que protegían del frío, a diferencia de las sandalias. Las botas fueron una prenda masculina durante mucho tiempo, hasta que la reina Victoria, sentó el precedente de ser parte de la indumentaria femenina, mandando a confeccionar este calzado que le cubría el tobillo. Luego surgen las botas de media caña, ornamentadas. Con la Revolución Industrial, comienza la fabricación de calzados en serie, reemplazando en gran medida la fabricación artesanal. En ambos casos, el proceso es similar, aunque en las fábricas se hace con máquinas industriales y sin diseños personalizados: se selecciona la materia prima, se escoge un modelo, se realiza un patrón, de acuerdo al cual se corta el cuero, tela o material sintético escogido para elaborarlo, se realiza el picado de los adornos, las terminaciones; se cosen las partes para unirlas, se hace el montado en la horma y se une la suela a la parte superior. Dependiendo del tipo de calzado, puede agregarse un contrafuerte, plantillas, etcétera. Si el calzado lleva tacones, en algunos casos se los coloca antes, y, en otros, luego de la suela. Algunos llevan ojales para poner cordones. Luego se les da lustre y brillo, según los casos, y, por último, se procede al embalaje.