Concepto de crédulo

La palabra crédulo procede del latín “credŭlus” que alude a aquel que cree o confía en algo o alguien, a lo que se le suma el sufijo “ulus” que expresa que se trata de un diminutivo.

Crédulo es un adjetivo que califica a la persona que cree sin tomar ningún recaudo probatorio. Es confiado al extremo, y por eso fácil de ser víctima de engaños. Es el antónimo de ser desconfiado o incrédulo, que es no creer en lo que nos dicen e incluso en lo que vemos y oímos, pues consideramos que hasta nuestros sentidos pueden engañarnos. Entre ser crédulo y ser incrédulo hay muchos grados.

Es normal que los niños sean crédulos por su poca experiencia vital, su exceso de imaginación y la confianza que depositan en lo que les dicen los mayores, aunque entre los dos y cuatro años, comienzan a cuestionarse el mundo y lo que les explican sobre él, en la etapa conocida como la “edad de los por qué”.

Es muy crédulo aquel que confía en otro sin conocerlo o quien se deja influenciar por los anuncios publicitarios aun aquellos donde es evidente que son mentiras para estimular el consumo. Sin embargo, la mayoría de nosotros hemos pecado por crédulos alguna vez, considerando como cierto lo que nos dijeron un profesor, nuestros padres, algún noticiero, un líder político o religioso, pues los consideramos bajo el principio de autoridad y no se nos ocurre cuestionarlos. Muchos individuos manejan la persuasión de maravillas y son capaces de hacer creer todo tipo de falacias, y los crédulos caen en sus mentiras. Los estafadores profesionales son un ejemplo de ello.

Aquellas personas muy jóvenes o muy ancianas, quienes sufren de trastornos cognitivos, los que están en una etapa vulnerable de sus vidas, los que poseen poca instrucción, son más propensos a la credulidad. Las redes sociales son un medio apto para hacer circular noticias falsas, y los crédulos las toman por ciertas.

Ejemplos: “El malhechor se aprovechó de la credulidad de la anciana para quietarle sus ahorros mediante engaños”, “La credulidad de los niños es muestra de su inocencia”, “El hombre analfabeto confió en quien le dijo que lo ayudaría a tramitar una documentación, y su credulidad lo llevó a la ruina”, “Estaba tan enamorado que confié en ella ciegamente y esa credulidad me hizo compartir con ella mi patrimonio y terminó llevándose mi esfuerzo de toda la vida” o “Por crédulo creí que el profesor que contraté para que me preparara en el examen era un erudito, tal como él se presentaba, y luego comprobé que ni título de docente tenía”.

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