Concepto de desfachatez

Desfachatez es una palabra que el español tomó del italiano “sfacciatezza”, que significa “descarado”. A su vez, el vocablo se compone de los siguientes términos tomados del latín: el prefijo privativo “des”, y el sustantivo, “faccia” en el sentido de “faz”, “cara” o “rostro”.

Desfachatez, es un sustantivo abstracto, que califica a quien es desvergonzado y falto de recato, quien se atreve a todo, en su decir y actuar, sin importarle desafiar cualquier tipo de límites, impuestos socialmente, reconociéndose grados, entre ser intrépido, comedido, extrovertido, hasta ser irrespetuoso o corrupto; dependiendo también la gravedad del hecho, de la circunstancia de ser un niño o un adulto, ya que, en el primer caso, puede resultar simpático. El adjetivo para esta persona es “desfachatado”.

La desfachatez puede ser una virtud, cuando implica falta de timidez, lo que hace posible ser escuchado, mostrar habilidades, hacer reclamos, etcétera, lo que resulta más difícil si tenemos dificultad, por vergüenza, de exteriorizar. En ciertas profesiones, se necesita cierto grado de desfachatez, para mostrarse espontáneo e intrépido, como ocurre por ejemplo con un periodista, que necesita hacer una nota, y si se muestra cauto y prudente, tal vez no pueda obtenerla. Lo negativo es cuando esa falta de vergüenza, quiebra los límites impuestos por las buenas costumbres, o incluso, por las normas jurídicas, y esa persona se maneja sin códigos, de forma tan libre, que atenta contra los derechos de los demás, y su dignidad.

Ejemplos: "El desfachatado futbolista no tuvo reparos en discutirle al árbitro e insultarlo, por la penalización de una jugada, y fue suspendido", “El niño presenta un grado de desfachatez que asombra, no tiene problemas en hacerles bromas a cualquier persona que ve, pero como aun es pequeño, la gente lo toma como algo simpático”, "Mi hijo y mi nuera, asistieron a una fiesta de gala, los muy desfachatados, vistiendo disfraces", “Mi hijo es muy desfachatado, canta en público sin sentir ninguna vergüenza”, “Tuvo la desfachatez de levantarse en plena clase y salir sin permiso del profesor”, “Con mucha desfachatez el hombre se paseaba desnudo por las calles de la ciudad” o “El político tuvo la desfachatez de quedarse con dinero público”.

En Literatura

Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor español, publicó en 2016, su polémico libro “La desfachatez intelectual” donde acusa a escritores e intelectuales de subjetivos y charlatanes, y dice que en su país el debate público es impune, y de poca calidad, ya que se expresa lo que se quiere, por parte de quienes son considerados “los intelectuales” aun cuando sea disparatado, sin esperar la réplica, amparados en su prestigio.