Concepto de dignatario

El origen de la palabra dignatario, es latino. Se integra por el adjetivo “dignus”, en el sentido de “digno”, “horable” o “respetable” y por el sufijo de pertenencia “arius”. Por lo tanto, un dignatario, es quien está investido de cierta autoridad, y que, además, merece estimación y respeto; aplicado a quien desempeña un cargo, que le confiere tal honor y autoridad, desempeñándolo de modo loable, en el plano político, militar o eclesiástico.

Ejemplos: “En el Imperio Bizantino, el más alto rango del ejército era ejercido por un dignatario militar”, “Por la muerte del dignatario que encabezaba el Poder Ejecutivo, se decretaron tres días de duelo”, “La Constitución de Guatemala, en su artículo 161, considera a los diputados, como dignatarios de la nación”, “Las cualidades del futuro presidente del país, elegido por una amplia mayoría, presagian que será un dignatario responsable y comprometido con su pueblo”, “Las autoridades nacionales, recibieron con cortesía y ceremoniales, a los dignatarios extranjeros, que participarán en la cumbre de naciones” o “El servicio de policía de Colombia tiene unidades de protección a dignatarios”.

Si bien todo dignatario es un mandatario, no siempre pueden emplearse como sinónimos, ya que mandatario, se aplica en dos sentidos, pues en un caso, los mandatarios (derivado este vocablo de manda, encargo o recado) de asuntos particulares y privados, son los que han recibido mandatos para realizar una actividad cualquiera (un negocio, por ejemplo) que no revisten la calificación de dignatarios; por otra parte, son mandatarios (derivado el término de mando o poder) las autoridades políticas, siendo aquí donde serían aplicables los términos, indistintamente. Pero algunas autoridades, las que asumen por la fuerza, son mandatarios, pero no merecen la calificación de dignatarios, pues tomaron el poder por medios indignos; ni tampoco deberían llamarse dignatarios, quienes abusan de su autoridad.

Los dignatarios eclesiásticos o “dignitates” son aquellos sacerdotes (en general, el preboste y el deán) que son elegidos por el Papa, y que ostentan un lugar jerárquico y privilegiado en su orden y una jurisdicción religiosa. Se rigen en su puesta en funciones, por la ley eclesiástica, por concordatos y por la costumbre.