Concepto de exilio

Del latín “exsilium” es de donde procede la palabra exilio. Se integra por el prefijo de exclusión “ex” y por el sustantivo “solum” que se traduce como “suelo”. Literalmente el exilio es la situación de aquel, a quien se lo ha excluido o privado de su suelo, en forma voluntaria o autoimpuesta, para reflexionar, evitar una condena legal o un reproche moral o social; aunque es general el alejamiento resulta ser involuntario o forzado, y el exiliado debió irse hacia otro territorio, pues fue desterrado de su patria, incluyéndose en esta categoría a la integridad de desplazados y refugiados. También se conoce esta situación como destierro, cuando es impuesto el exilio como condena por parte del Estado, que considera que esa persona no es digna de pertenecer en el país por los delitos que ha cometido.

El lugar donde la persona reside cuando es expulsada o decide irse de su país, también se conoce como exilio, por ejemplo: “Escribió una serie de cartas muy conmovedoras desde su exilio en Madrid”.

La mayoría de los exilios se han producido y se siguen produciendo por cuestiones políticas, y en algunos casos, religiosas.

En la antigua Grecia quienes era acusados de peligrosos para la polis, eran condenados al ostracismo, debiendo exiliarse pero sin perder la condición de ciudadano, que podía recuperarse por una nueva votación de la asamblea que había decidido su destierro.

Los judíos fueron exiliados de Babilonia, por el rey Nabucodonor, tras la conquista de Jerusalén en el año 587 a. C.
Los romanos no admitían en la época monárquica, la expatriación o exilio forzoso, aunque sí el voluntario, por motivos de protesta o descuerdo con sus conciudadanos, lo que no importaba la pérdida de la ciudadanía. Durante la República, se les permitió optar a ciertos condenados a pena capital, por el exilio, para salvaguardar sus vidas.

También adoptaron una pena para delitos graves, entre los cuales se incluían el peculado y el envenenamiento, y para quienes regresaran del exilio por el que habían permutado su condena a muerte; que era la interdicción del agua y el fuego. Aplicando esta pena, el condenado se veía obligado a auto exiliarse ya que lo privaban de elementos básicos para su subsistencia, como lo son el agua y el fuego. Entre los romanos condenados al exilio, podemos citar al poeta Ovidio, quien fue obligado al destierro en Tomis, ciudad situada al oeste del mar Negro, a causa de un enfrentamiento con el emperador Augusto, en el año 8.

Los exilios no se acabaron con el paso del tiempo. Solo por nombrar algunos ejemplos, podemos citar los sucedidos tras la Guerra Civil española de 1936, en la que muchos civiles debieron escapar de la dictadura franquista; o los que debieron sufrir en Latinoamérica los que se oponían a las dictaduras militares de la década del 70. Desde 2011, la guerra civil en Siria, provocó el exilio de muchos civiles que se convirtieron en refugiados en otros países, donde arribaron escapando de tanta violencia.