Concepto de gentil

La palabra gentil procede del latín “gentilis” y a su vez de “gens” en el sentido de “familia”. Aludía en la antigua Roma a aquellos que practicaban la religión propia de la gens, o culto familiar pagano donde se adoraban a los antepasados muertos o dioses del hogar, a diferencia de los judíos y luego, los cristianos. También podría aplicarse a los extranjeros, a los que los romanos aplicaban un Derecho particular, llamado “Derecho de Gentes”.

En el Antiguo Testamento son gentiles los que no son judíos, o sea, no pertenecen al pueblo con el que Dios realizó la Alianza y son idólatras; y en el Nuevo Testamento los gentiles son los no cristianos.

En tiempos de la realeza se llamaba gentilhombre a aquel que prestaba servicio en la casa real o en las de los nobles, y también nombraba al que le hacía llegar al rey importantes noticias.

Luego, el calificativo de gentil fue utilizado en el sentido de “buen linaje” para aplicarse a quien es amable, cortés y educado. Ser gentil demuestra conocer las reglas de la cortesía. Por ejemplo: “Cuanta gentileza de su parte, señor, haberme cedido el asiento”, “El niño muy gentilmente se ofreció para acompañar a la anciana hasta su casa”, “Mi amigo ha tenido la gentileza de invitarme a cenar a su casa” o “Me demostró que no apreciaba mi compañía manifestándome muy gentilmente que estaba ocupado y que otro día me invitaría”.

Las maneras de actuar que indican gentileza deben contextualizarse de acuerdo a cada cultura, ya que las normas de cortesía varían de acuerdo al lugar y al tiempo histórico. En general, la gentileza caracteriza a los caballeros correctos y a las damas refinadas.

Ser gentil como rasgo de la personalidad es poder expresarse con un trato cordial y gestos socialmente correctos, incluso en situaciones estresantes o de extrema tensión, y no solo en ocasiones: “Es un hombre tan gentil que jamás pierde los estribos y aunque esté alterado no lo demuestra, y mantiene su cordial trato”.