Concepto de delicadeza

La palabra delicadeza está compuesta por los siguientes términos latinos: “delicatus” en el sentido de fino, suave, delgado, frágil, tierno, sutil o débil, y el sufijo de cualidad “eza”.

La delicadeza es una cualidad que puede atribuirse a objetos, en cuanto su forma, sabor, textura o color; o a sujetos, en cuanto a su lenguaje, sus gestos, sus facciones, sus movimientos, etcétera.

La delicadeza alude a carencia de violencia o energía excesiva. En los colores la delicadeza se aplica a aquellos tonos suaves y no demasiado contrastantes entre sí. En una comida, a delicadeza se basa en que su sabor sea suave y su presentación sin tantos decorados. En el hablar, alguien es delicado cuando no grita y se expresa con las pausas adecuadas y con la amabilidad suficiente.

Lo delicado no es llamativo o atrae nuestra atención en la primera impresión, sin embargo, es cautivante a largo plazo, ya que no cansa, y trae paz.

Lo delicado es la antítesis de lo brusco y grosero, y en las sociedades tradicionales, fue un atributo que se consideraba propio de las damas. En la actualidad, la delicadeza no resulta incompatible con la condición masculina, ya que no se considera como prototipo de hombre, a aquel que sea recio.

Ejemplos de uso: “Pinta tu casa de colores delicados y nunca pasarán de moda”, “Mi gata tiene mucha más delicadeza en sus movimientos, que el torpe de mi perro”, “Si le pones tantos adornos al vestido, perderá delicadeza”, “Las facciones del rostro de mi prima son finas y delicadas” o “La delicadeza en el andar es propio de quienes desfilan en las pasarelas luciendo atuendos de moda”.

Cuando a alguien se le pide que tenga delicadeza, se le está encomendando que sea amable y gentil, y respete las normas de cortesía: “Ten la delicadeza de pedir permiso antes de entrar” o “No tuvo ninguna delicadeza para echarme de su casa”.