Concepto de indiferencia

El origen etimológico de indiferencia lo encontramos en el vocablo latino “indifferentĭa”, integrado por el prefijo de negación “in”, por el de separación “dis” por el verbo “ferre” en el sentido de “llevar”, y el sufijo de cualidad “ia”.

La indiferencia es un sentimiento neutro, ni de atracción ni de rechazo, hacia una persona, cosa, idea, acción o situación. Lo indiferente resulta ajeno, sin importancia, siendo lo mismo que esté, o que no esté, y por lo tanto, no mueve a la acción, sino que promueve la pasividad.

Por ejemplo: “Mi jefe se mostró indiferente ante mi pedido de aumento de salario. No mostró ninguna preocupación cuando le conté que no podía con ese dinero mantener a mi familia”, “Siento indiferencia por la política, y aunque comprendo que es importante para la sociedad, no siento deseos de involucrarme”, “Mi antiguo novio, a quien tanto amé, actualmente me es indiferente, para mí es como que no existe” o “Siento total indiferencia por las personas que me hacen daño, ni siquiera las odio; solo las aparto de mi vida”.

Tener indiferencia por algo o por alguien es normal, y hasta sano, especialmente si lo hacemos para alejarnos sin discutir con personas tóxicas; pero si la indiferencia es total, conduce a la angustia y a la depresión: “Todo me es indiferente, no disfruto de nada, y por eso siempre estoy triste”. Ser indiferente al dolor ajeno y a los problemas sociales, nos convierte en egoístas: “Vivo mi vida y soy indiferente a lo que pasa a mi alrededor”. La actual sociedad de consumo, es criticada por esta razón, ya que cada individuo trata de vivir lo mejor posible, siendo indiferente al sufrimiento ajeno. En ocasiones, las personas se muestran o parecen indiferentes, por timidez, o para protegerse del entorno, aunque sufren de modo interno.

Entre los filósofos estoicos, la indiferencia era el camino que hallaban para la felicidad, entendiendo por indiferencia o apatía, la imperturbabilidad del espíritu.

En lo artístico, hay un cuadro pintado al óleo, de Jean-Antoine Watteau, pintor francés que vivió entre los años 1684 y 1721 entre el barroco y el rococó, titulado “El indiferente”, con un solo personaje que aparece en el centro, en posición de baile.

En Economía, las tablas de indiferencia, representan los gustos de los consumidores individuales.