Concepto de insinuación

La palabra insinuación procede etimológicamente del latín “insinuationis”, referida a la acción y al efecto del verbo insinuar, originada en el latín “insinuare”, vocablo integrado por el prefijo de interioridad “in” y por “sinuare” que puede traducirse como curvar o serpentear. “Sinus” hace alusión a una curva y, además al seno o pecho femenino, por lo cual querría decir literalmente, y de acuerdo a su etimología, una insinuación, penetrar en el interior del pecho o seno.

Acepciones del término

Una insinuación es una expresión oral, escrita o gestual, que de modo indirecto, alude a algo, sin manifestarlo de modo expreso, debiendo ser deducido o interpretado. Por ejemplo: “No me trató directamente de ladrón, pero cada una de sus palabras insinuaban que recaían sospechas sobre mí, como cuando expresó que era extraño, que justo hubiera estado en el lugar del hecho, cuando se cometió el atraco”, “El gesto de disconformidad del alumnado, mientras el profesor daba el discurso, era una insinuación a que deseaban que terminara pronto con sus palabras agresivas hacia los jóvenes” o “No me dijo nada, pero en su mirada esquiva, advertí una insinuación de que estaba incómodo”.

En el ámbito de las relaciones amorosas, las insinuaciones, también conocidas como coqueteos, son aquellas señales sutiles, que permiten advertir que alguien desea generar un vínculo sentimental y/o sexual con la otra persona. Ejemplos: “Se me acercó muy cariñosa, y me abrazó y besó con tanta efusividad, que lo tomé como una insinuación, y por ello me atreví a invitarla a salir” o “Me envió una carta mientras estaba de viaje, y sus palabras románticas, me parecieron insinuaciones de que quería mantener conmigo más que una simple amistad”.

En Retórica, la insinuación es la parte del discurso, donde el orador trata de captar la atención de auditorio y obtener su adhesión y conformidad. Se lo conoce como exordio.

En Derecho, antiguamente, una insinuación era la intervención judicial para aprobar donaciones que excedieran un cierto monto (en la antigua Roma, por ejemplo, el máximo permitido sin autorización judicial era de quinientos sólidos) como medio de protección hacia el donante, que pudiera haber obrado sin demasiada reflexión. En algunos países, como, por ejemplo, Colombia, aún se mantiene la insinuación, que se realiza ante el notario que corresponda al domicilio del donante, quien deberá autorizarla, por escritura pública, para las donaciones que sobrepasen los cincuenta salarios mínimos, debiendo las partes (donante y donatario) ser capaces, estar de acuerdo y no contrariar ninguna disposición legal (art. 1458).