Concepto de irascible

La etimología de la palabra irascible podemos hallarla en el latín “irascibĭlis”, que puede traducirse como pasible de montar en ira o cólera; o sea, que se trata de un adjetivo que califica a quien tiene facilidad para enojarse en grado extremo.

Todas las personas tenemos la potencialidad de volvernos irascibles ante una situación que nos provoca una gran indignación; pero quien es irascible, es dominado por la ira, en forma habitual, y ante hechos que, a otros, solo les provocarían un moderado fastidio. Son intolerantes y reaccionan desmedidamente ante todo aquello que nos los complace, y se dejan dominar por el enfado, sin ejercer sobre él ningún tipo de represión consciente.
Podemos reconocerlos por sus gestos amenazadores, gritos, insultos, y hasta, en ciertos casos, realizar acciones de violencia física contra objetos o seres vivos. El estrés domina sus vidas y por eso son susceptibles de enfermarse, sobre todo de padecer hipertensión y problemas cardiacos.

Algunas personas se vuelven irascibles al consumir drogas o alcohol, o cuando están en el síndrome de abstinencia de dichas sustancias.

El de “alma irascible” es un concepto que le corresponde al filósofo griego Platón, quien en su obra “Mito del carro alado” la describió como la parte del alma humana que estaba inclinada hacia las nobles pasiones, que son el valor y la voluntad; que como un caballo blanco y dócil, sigue las instrucciones del alma racional, para elevarse hacia las ideas. Está ubicada en el corazón. La otra partes del alma, que Platón considerada la parte más importante de las personas, que le permiten trascender, era el alma racional, vinculada al raciocinio, ubicada en el cerebro, que nos permite conocer la verdad y alcanzar las ideas de las cosas, entre ellas la justicia y el bien; la última es la concupiscible, situada en el hígado, referida a las bajas pasiones o a los impulsos irreflexivos, representada metafóricamente como un caballo rebelde y desobediente, que en vez de permitir la elevación a las ideas, nos ata al mundo sensible y a las pasiones mundanas.