Concepto de mordaz

La palabra mordaz procede del latín “mordax”, integrada por el verbo “mordere” en el sentido de “morder” y el sufijo “ax” que forma el adjetivo.

Una persona mordaz es la que “muerde” en el sentido de ataque, con sus palabras hirientes y burlonas. Puede usarse como sinónimo, el término sarcasmo.

El que es mordaz, agrede de un modo sutil y velado, aunque no por ello menos cruel y directo. Exige ser ingenioso y ocurrente, dominar el lenguaje, además de tener control de sus emociones, pues son propios de personalidades capaces de convertir su furia, descontento o crítica, en frases graciosas, a la vez que lastiman.

Cuando el mordaz, lo es en público, y si es habilidoso, logra que los presentes disfruten de sus palabras, haciéndolos reír, aunque el destinatario de las palabras mordaces, se sienta mal; especialmente si los demás no tienen empatía con el sujeto que es objeto de la broma.

Existen personas mordaces en cualquier ámbito, ya sea familiar, escolar, laboral, etcétera, donde el autor de la “broma” aparece en una posición de crítico despiadado, pero, a la vez, disfruta de posicionarse como poderoso, al ridiculizar a su víctima.

La mordacidad juega un papel importante en la literatura, el teatro, la televisión y el cine. Muchos actores que realizan monólogos políticos usan expresiones mordaces para hablar sobre mandatarios y candidatos a cargos de gobierno, riéndose de su aspecto físico, de sus medidas de gobierno, de sus propuestas, de sus gestos, de su modo de hablar, etcétera, para gozo de su público; y son formadores de opinión, ya que muchas veces, generan falta de credibilidad en ese líder político, si el actor goza de prestigio y llega a una audiencia masiva. también es muy frecuente en el “stand up”, donde el comediante interactúa con el público, y es usual que sea mordaz consigo mismo y con los espectadores.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, en su discurso ante la ONU, en el año 2006, sorprendió con expresiones mordaces contra George Bush, diciendo que el lugar donde él hablaba tenía olor a azufre, pues allí también había estado el diablo, aludiendo al mandatario estadounidense.