Concepto de sufijo

La palabra sufijo procede etimológicamente del latín “suffixus”, integrado por el prefijo “sub” que indica una posición inferior, y por “fixus” que se traduce como “fijo”. Suffixus es el participo del verbo “suffigere” en el sentido de “fijar por debajo” o sea que significa “lo que está colocado abajo”.

Su uso es en Gramática. Los sufijos se colocan al final de las palabras, modificando su raíz o lexema y formando palabras nuevas, por derivación, y solo tienen sentido en función de la palabra que complementan. No son palabras (como sí lo son los sustantivos, los adjetivos, los verbos y los adverbios) sino afijos, o morfemas dependientes. Se diferencian de los morfemas independientes, como los artículos, preposiciones y conjunciones, con significación solo gramatical, ya que no poseen un significado léxico. Los prefijos cumplen una función similar a los sufijos, por eso son también afijos, pero se colocan delante.

Es común que las palabras a las que se agregan afijos (ya sean prefijos o sufijos) sean de origen griego o latino. Cuando se escriben en forma separada de la palabra a la que modifican se les antepone una raya: -azgo, -ario, -able, -ida, etcétera. El primero se usa para expresar un cargo o una condición; el segundo, un oficio; el tercero, forma adjetivos, el cuarto, expresa acción y efecto. Ejemplos en formación de palabras nuevas: almirantazgo, empresario, afable, avenida, etcétera. Los sufijos, integrados a las palabras, deben cumplir las reglas de la acentuación.
“Ito” es un sufijo muy empleado para formar diminutivos, mientras que “ote” crea aumentativos.

Además de estos sufijos derivativos, algunos autores consideran que existen otros, a los que denominan flexivos, que no forman nuevas palabras, sino que sirven para determinar el género o el tiempo verbal.