Concepto de adrede

La palabra adrede procede etimológicamente de la expresión latina “ad directum”, que puede traducirse como lo que se hace de modo directo, intencional o a propósito. Se realiza el acto de forma no obligada, ni por imprudencia, ni por descuido; sino que con pleno discernimiento se eligió hacerlo.

Se aplica especialmente a aquellas conductas que son dañinas, para uno mismo o para terceros, realizadas de modo voluntario, queriendo hacerlo y teniendo esa finalidad en mente. Ejemplos: “Me rompiste mi libro adrede, para vengarte de que no quise pasarte la tarea”, “Me hiciste esperarte en vano, sabiendo que no asistirías a la cita, y esa conducta adrede, habla muy mal de ti”, “No te excuses, sé que me golpeaste adrede y no por accidente” o “Es evidente que fue adrede que me engañaste”.

Sin embargo, a veces se actúa adrede con nobles fines: “Te hice venir adrede para que tratemos de entendernos y arreglar nuestras diferencias” o “Rompí a ventana adrede pues sabía que dentro de la casa había un niño en peligro, y no había otro modo de ingresar a la vivienda”.

En el ámbito jurídico esta intencionalidad se denomina dolo, y es un elemento característico de los delitos civiles, ya que los hechos contrarios a la ley que son realizados con culpa o sin intención, son llamados cuasi delitos. En el Derecho Penal los delitos que se cometen adrede, son los dolosos y los que se realzan sin intención son culposos, teniendo estos últimos una pena menor. Tampoco son hecho adrede o con dolo los que se efectúan por accidente, no mediando tampoco culpa, por ejemplo, cuando alguien se resbala y cae sobre un objeto y lo rompe.