Concepto de antagonista

El origen etimológico de la palabra antagonista es griego. Procede de ἀνταγωνιστής que puede leerse, “antagonistis”, término compuesto por “antis” que designa lo opuesto, y por “agonistis” en el sentido de luchador. Del griego pasó como antagonista al latín y luego al español. O sea que un antagonista es un luchador contrario a otro que aparece como el principal, aclamado o reconocido. Es un concepto relativo, ya que para ser antagonista tiene que haber un otro al cual oponerse. Puede ser una rivalidad ideológica, entre otras, por ejemplo: “El comunismo es el pensamiento antagonista del capitalismo”.

En las obras literarias, teatrales, televisivas o cinematográficas, el antagonista es el personaje que lucha contra el protagonista. En general representa lo malo y negativo, con el fin de realzar las virtudes del personaje principal, que aparece como héroe, mientras el antagonista es calificado como villano. Lex Luthor, por ejemplo, es un personaje ficticio, supervillano, rico e inteligente, y antagonista de Superman.

En Ciencias Naturales, antagonista es una sustancia, que se opone, bloqueando la acción de los agonistas, uniéndose a los receptores orgánicos. Se usan por ejemplo los antagonistas para bloquear los efectos de alguna sustancia venenosa.

En el caso del calcio, se llaman antagonistas, a los medicamentos que bloquean la entrada de calcio, usados por ejemplo en los casos de sufrir el paciente de angina de fecho o arritmias cardiacas.

En los músculos, los antagonistas, son aquellos, que son opuestos a los movimientos de los músculos agonistas, que son los músculos motores. Cuando el músculo agonista se mueve, el antgonista queda en reposo. Cuando el músculo agonista se contrae, para generar la fuerza que ocasiona el movimiento, el antagonista procede a estirarse y viceversa. Esto permite el control de los movimientos. Por ejemplo si acercamos un vaso a nuestra boca para beber, el bíceps que es un músculo agonista se contrae, pero el tríceps se estira, para que el vaso no termine chocándose con nuestro rostro, y así el movimiento se frena en el sitio correcto.