Concepto de inmanente

La palabra inmanente procede en su etimología del latín “inmanentis”, término formado por el prefijo de interioridad “in” y por el verbo “manere”, que puede traducirse como “permanecer”.

Inmanente es lo que permanece en el ser animado o inanimado, pues le es esencial, y por lo tanto perdura en el tiempo, junto a él, y cumple allí su fin. Ejemplos: “Es inmanente al hombre el ansia de poder”, “Los ciclos son una realidad inmanente a la regularidad de la naturaleza”, “Es inmanente al fuego su poder de quemar” o “Es inmanente al perro su virtud de lealtad”.

La inmanencia se distingue de la trascendencia pues no sale del objeto o sujeto, sino que permanece en él para siempre. En la trascendencia, la actividad cumple su fin exteriormente. Sin embargo, son términos complementarios. La trascendencia, requiere un estado anterior de inmanencia, pero pasajero, ya que se exterioriza y no queda para siempre dentro del ser en el que estaba.

La inmanencia en Filosofía fue un tema que puede remontarse hasta los primeros filósofos griegos. Platón consideraba que la idea o esencia de las cosas sensibles, era trascendente a ellas, y existía en el mundo de las ideas. Su alumno, Aristóteles, consideró que la idea era inmanente a las cosas, pues debía residir en ellas, aunque no niega la existencia de un primer motor y creador divino, que es causa de todo lo creado y trascendente al mundo sensible.
La inmanencia fue tratada por numerosos filósofos de la modernidad. Solo a modo de ejemplo, mencionaremos los siguientes:

El francés René Descartes (1596-1650) consideró que el conocer es un acto inmanente al sujeto, formado desde su pensamiento, dentro de sí, y no desde los objetos sensibles, que pueden resultar falsos. La única realidad que acepta es el “yo pienso y, por ende, existo” desde donde construye el mundo exterior.

Para el neerlandés, Baruch Spinoza (1632-1677) igual que en otros filósofos panteístas, Dios es causa inmanente, pues no hay nada fuera de Él. Dios y mundo son lo mismo, siendo Dios el principio del mundo, sin que exista nada trascendente a Él, que es la única sustancia.

Para Marvin Harris (1927-2001) antropólogo estadounidense, que desarrolló el materialismo cultural, la inmanencia es propia del ser humano, y gracias a ella se produce la cultura, pues las personas pueden interpretar, incluso, aquello que los sentidos no les permiten percibir.