Concepto de peculiar

Si buscamos la etimología del adjetivo peculiar, nos debemos remontar al latín “peculiaris”, a su vez derivado de “peculium” en el sentido de “pequeño patrimonio” o conjunto de bienes que se separaban del total de los bienes familiares que pertenecían al jefe de familia para ser administrados por un hijo o un esclavo, o ser propiedad de los hijos. Era por lo tanto un sistema diferencial o distinto del general, que implicaba que todos los ingresos familiares eran de propiedad del pater de la familia.

De este modo, lo peculiar pasó a significar aquello que resulta distinto de lo que podríamos considerar normal o frecuente; lo que nos llama la atención por su singularidad y rareza, por ejemplo: “Tiene un modo peculiar de hablar, que lo torna muy interesante”, “Mi profesor es muy peculiar en sus métodos de enseñanza, usa técnicas de enseñanza-aprendizaje bastante revolucionarias”, “Este año en invierno hemos tenido temperaturas peculiares, demasiado altas para la época” o “Se viste de modo peculiar para llamar la atención”.

Cada ser humano posee rasgos peculiares o propios que lo identifican como tal y hacen a su singularidad como persona; así por más que conozcamos gente parecida, siempre habrá algo en ellas que las diferencie. Esas son sus características peculiares.

Sociológicamente, lo que distingue a una cultura de otra son sus rasgos peculiares. Si no hubiera esas diferencias, no existiría el concepto de nación. Así, cuando conocemos formas de vida, tradiciones y costumbres que no son como la de nuestro pueblo, nos llaman la atención. Si esto nos mueve a querer conocer esas peculiaridades, apreciarlas y aprender de ellas, resulta positivo; pero en muchos casos, advertir las peculiaridades de otras naciones puede llevar al rechazo y a la discriminación, si las consideramos de menor valor que las nuestras. Esto se conoce como etnocentrismo y ha ocasionado muchas guerras y exterminios en la historia de la humanidad.