Concepto de enojo

La palabra enojo deriva en etimología del latín “inodiare” con lo cual vemos que es un sentimiento vinculado al odio, y por lo tanto, desagradable. El que se enoja se siente molesto, irritado, y dependiendo de cada persona las reacciones pueden ser diversas. Algunos manifiestan su enojo no dirigiendo la palabra a aquellos que han motivado el enojo, otros gritan, insultan, otros tienden a tener actitudes de violencia física, y algunos lloran, o reprimen su enojo, lo que puede llevar a tener manifestaciones psicosomáticas.

Las causas que producen enojo son diversas: la injusticia, la traición, la mentira, el desamor, etcétera. En ocasiones se puede tener enojo con uno mismo, por ejemplo: “Estoy enojado porque no supe responder a tu confianza, merezco que no quieras ser más mi amigo” o “mi enojo es para conmigo, salí mal en los exámenes porque no estudié”. Esto puede derivar en una autoestima baja o puede por el contrario movilizar a actuar para superar el error, por ejemplo el que está enojado por reprobar, puede estar impulsado por el enojo a estudiar más. Otras veces el enojo surge, porque sí, como ocurre con los sujetos que parecen enojados con la vida.

Por lo tanto el enojo es malo en sí mismo, es negativo, pero puede actuarse en cómo se canaliza, para hacerlo desaparecer y convertirlo en motor. Si el que está enojado por una injusticia, lucha pacífica y legalmente por revertir la situación, el enojo habrá sido positivo. En este caso, el sujeto ha podido dominar racionalmente, controlar esa emoción negativa, y transformarla, para ya no estar enojado sino estimulado hacia la superación. Las terapias psicológicas pueden ayudar a lograrlo. En cambio si paraliza, si se torna en mal humor, irritabilidad o en agresividad será nefasto.