Concepto de consumismo

Con origen etimológico en la unión de dos vocablos latinos: “consumere” (agotar o consumir) más el sufijo “ismus” que en este caso indica una actividad o afición, el consumismo es una tendencia humana a adquirir bienes y servicios en mayor cantidad de lo necesario, estimulada por la publicidad, el progreso tecnológico y la competitividad. Los sistemas económicos y sociales capitalistas son responsables en gran medida del exceso de consumo por ser la detentación de bienes y el uso de ciertos servicios, como por ejemplo hotelería y turismo, un símbolo de status social. Esto no siempre trae consecuencias gratificantes a nivel individual, ni a nivel social.

Concepto de consumismo

En el plano individual, el consumismo puede ser altamente destructivo, pues quien necesita adquirir más bienes materiales para sentirse pleno, es seguramente la persona más insegura en el plano emocional. Sin embargo, a la larga comprenderá que estos productos de consumo no lo colman en lo más importante que uno tiene como ser humano: los sentimientos, y solo logrará que sus finanzas se debiliten incrementando su angustia. Este hecho fue expuesto en 1857 por Gustave Flaubert, escritor de nacionalidad francesa, en la novela que tituló “Madame Bovary”. Esta mujer, casada con un médico de pocas ambiciones materiales, no se sentía feliz, pues ella quería comprar y comprar: entradas para la ópera, ropa de lujo, perfumes costosos, etcétera. Su escalada de consumismo terminó con su suicidio, al verse atrapada por las deudas.

A nivel social, el consumismo también tiene una alta carga negativa, llevando a una sobreexplotación de los recursos, con peligro de que escaseen o se extingan y a un gran problema de contaminación ambiental, al aumentar la producción fabril y los desechos industriales y domésticos.

Al comprar se deben tener en cuenta las necesidades reales, el presupuesto del que se dispone, la calidad del producto (ya que si es barato pero de baja calidad se deberá renovar en menor tiempo), y no dejarse engañar por la publicidad ni por la presión social, como cuándo alguien se ve psicológicamente “forzado” a adquirir un producto pues de lo contrario siente que será marginado. Eso es muy común entre los adolescentes, que los lleva a renovar por ejemplo sus teléfonos celulares en menor tiempo que el que determina la necesidad o tenerlos en edades más tempranas de que lo que sería prudente.