Concepto de fastidio

El origen de la palabra fastidio lo hallamos en el latín “fastidium” y su significado es el de molestia, disgusto, hastío o incomodidad. Es la acción y efecto del verbo fastidiar, que es provocar el hecho o situación fastidiosa.

El fastidio es un sentimiento desagradable que genera un malestar no demasiado grave, provocado por múltiples circunstancias que son altamente subjetivas, por ejemplo: “Me genera fastidio tener que limpiar la casa todos los días”, “Me fastidia tu falta de compromiso con tus tareas”, “Siento fastidio los días lluviosos”, “El olor desagradable que hay en la calle por la basura acumulada me causa fastidio”. Las comidas que nos caen pesadas también nos dan esa sensación incómoda.

Concepto de fastidio

Hay personas que se fastidian fácilmente y otras que no. Las primeras son aquellas que se adaptan a las circunstancias y se toman lo molesto como algo pasajero y no tan grave, poniéndole ganas y haciendo que esos momentos pasen inadvertidos: “María no estaba a gusto en la reunión, sin embargo trató de concentrarse en la necesidad de permanecer allí para obtener el trabajo soñado, y así mitigó su fastidio”. Hay algunas personas que son la causa del fastidio de otras, porque hablan demasiado, son entrometidas, chismosas, incumplidoras, violentas, etcétera.

Los niños pequeños son muy proclives a fastidiarse y mostrar su enojo cuando no consiguen lo que desean, y ante ello, hacen rabietas y crisis de llanto. También pueden estar fastidiosos si no se les ha cambiado el pañal, o si tienen calor, frío, fiebre o algún dolor orgánico. Las temperaturas extremas y las enfermedades causan fastidio no solo a los niños sino también a los adultos y a muchos animales.

Si uno siente fastidio se percibirá irritado, angustiado, estresado, etcétera; lo mejor de ser posible es alejarse de lo que nos fastidia, y si no es factible, dimensionar el problema de modo objetivo, bajando las expectativas, y exponiendo a los demás tus pretensiones, para que a través del diálogo pueda llegarse a superar la situación incómoda, por ejemplo: “Estoy fastidiado de seguir esperando que empiece la reunión, tal vez podríamos comenzar ya” o “Me fastidia que la música esté tan alta ¿Habría inconveniente en bajar algo el volumen?” Hay también que tomar conciencia de nuestra propia paciencia, pues tal vez no sean tan fastidiosos los motivos sino que somos intolerantes.