Concepto de pórtico

La palabra pórtico, se originó en el latín “porticus”, que, a su vez, se derivó de “porta”, en el sentido de puerta; y se usa para nombrar un pasaje con columnas y techo; muchas veces con arcadas, construido en edificios de categoría y lujo.

En el caso de los templos, los pórticos que anteceden a la puerta de entrada, fueron muy comunes entre griegos y romanos, ubicados antes de la cámara sagrada.

Los pórticos recibían la denominación de “pronaos” (que significa “ante el templo”) en Grecia, y eran por lo general, de seis columnas, aunque variaron su número de acuerdo a las épocas. Precedían a la cámara central o “náos”, siendo de ésta, una prolongación longitudinal. Estaban rematados por las “antas” que son como unas pilastras.

Los pórticos romanos se conocían como “anticum” o “prodomus”, prefiriendo los romanos, los que tenían cuatro, y luego, seis columnas. Ejemplo de pórticos en este sentido, son el Panteón de Roma y la Basílica de Majencio.
Se usaban, además, los pórticos, para rodear espacios públicos, como el caso de las plazas, como sucedía en la antigua Grecia, con la plaza pública, o “ágora”. Estos pórticos se denominaban “stoas”. En Grecia, también se construían pórticos sencillos para fines comerciales, o para servir de atajos. El filósofo Zenón, daba sus lecciones en un pórtico o “stoa” y de allí que su escuela recibió la denominación de estoicismo.

La Biblia nombra el Pórtico de Salomón, construido por este rey en el lado oriental del templo, para resguardar “el Arca del Pacto” y que es calificado como “magnífico”. Por allí transitaron Jesús y sus apóstoles.

Los pórticos fueron habituales en el medioevo, en las entradas de las catedrales, como el que puede observarse en la Catedral de Santiago de Compostela, en Galicia (España). Este pórtico, del siglo XII, llamado Pórtico de la Gloria, está construido en estilo románico, y se debió al encargo efectuado por Fernando II, rey de León, al maestro Mateo y sus colaboradores, donando el rey una gran suma para la obra. En la actualidad no se aprecia el pórtico original, pues la fachada de la Catedral fue reconstruida.

Desde el Renacimiento, el uso de pórticos se extendió a otros edificios públicos, como el caso del parisino pórtico del Palacio de Borbón, construido en 1722, que cuenta con 12 columnas.