Concepto de causahabiente

La palabra causahabiente (de “causa”, traducida como motivo; más “habiente”, derivada de “haber”, en el sentido de tener) es empleada en el ámbito jurídico, para designar a aquella persona, que ocupa el lugar de otra, en uno o más derechos no personalísimos, ya que éstos, como, por ejemplo, la calidad de esposo/a, de socio, de padre o madre, etcétera, son intransmisibles. Quien cesa de tener el derecho, y lo transmite al causahabiente, es el causante (el que provoca el cambio de titularidad). Por lo tanto el causahabiente es el que por alguna causa legalmente aceptada, va a ser puesto en el lugar del propietario primitivo.

Si bien en las transmisiones inter vivos, hay sucesiones y cambios en la titularidad del dominio, lo que sucede por ejemplo en una compra-venta, una donación, una cesión de derechos o en una novación; la palabra causahabiente es preferentemente usada en el terreno del Derecho Sucesorio. En este caso, el causahabiente, puede ser designado por el propio causante en su testamento, donde expresando libremente su voluntad, y respetando la legítima de los herederos forzosos, lo designa como su heredero, adjudicándole todo su patrimonio, o una proporción del mismo (parte alícuota) si son varios los causahabientes; o entregándole uno o más bienes determinados, en cuyo caso, el causahabiente recibe la denominación de legatario. El heredero a diferencia del legatario, puede acrecer (acrecentar) la parte de sus coherederos si ellos renuncian a su derecho. Si el causante no deja testamento, los causahabientes o herederos, son nombrados por obra de la ley, entre sus parientes más próximos. No hay legatarios en la sucesión legal o ab intestato (sin testamento).

El causahabiente, que puede ser una persona física o una persona jurídica, toma el lugar del causante, y posee sus mismos derechos, y las acciones del causante, para defender el mismo.

En el antiguo Derecho Romano, el causahabiente, respondía con sus propios bienes frente a las deudas del causante, si el acervo sucesorio no alcanzaba a cubrirlas. En el Derecho postclásico se permitió que el causahabiente pudiera pedir el beneficio de inventario para que sus propios bienes no se vieran afectados si la herencia estuviera tan cargada de obligaciones, que las deudas superaran el haber. En la actualidad, las herencias se presumen (no hace falta que el causahabiente lo pida) que son aceptadas con ese beneficio.

Ejemplos de uso: “Falleció mi tío y como soy su causahabiente, me hice dueño de una considerable fortuna” o “Falleció mi deudor, así que ahora deberé iniciar acciones contra sus causahabientes”.

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