Concepto de especificación

La palabra especificación es la acción y el efecto de especificar, verbo que procede del latín tardío “specificare”, en el sentido de precisar o determinar una cosa o cuestión, para hacerla diferente y única dentro de su clase o género.

Se trata de definir claramente lo que se está exponiendo, sin dejar lugar a dudas, utilizando terminología concreta y prescindiendo de vaguedades o ambigüedades, por ejemplo: “Necesito especificaciones sobre la tarea que debo realizar, para saber concretamente en qué debo enfocarme”, “La especificación con que desarrolló su pensamiento no dejó margen de dudas sobre su concepción ideológica” o “Si no especificas lo que deseas, es probable que la gente interprete tu pedido de forma que no te satisfaga”.

En sentido técnico, se habla de especificaciones, para aludir a que se detalla de modo preciso los materiales a utilizar, los colores, los tamaños y pesos, etcétera; para realizar una determinada obra. Por ejemplo: “El arquitecto les dio especificaciones a los obreros de la construcción sobre cómo tenían que construir el muro, en cuanto a su altura, materiales a utilizar, y detalles de terminación”.

Las especificaciones pueden también acompañar al producto, dando por escrito las características y detalles, del trabajo terminado (vida útil, repuestos, tamaño, peso, etcétera) y, a veces, de su proceso de fabricación.

En el campo jrídico, se denomina especificación al proceso por el cual una persona crea una obra nueva utilizando materiales que no le pertenecen, no mediando mala fe, pues en este caso hay que indemnizar todo daño ocasionado, salvo que el dueño de la materia, quiera quedarse con la cosa, debiendo abonar solamente, en este caso, el valor agregado a la misma, si lo hubiere.

En la antigua Roma, la escuela conservadora de los sabinianos, le atribuía la propiedad del nuevo producto, al dueño de la materia prima. Por ejemplo, si se hizo un pastel con ingredientes ajenos, para los sabinianos el dueño de los ingredientes adquiría el pastel. Opinión exactamente contraria era la de los proculeyanos, que se la adjudicaban al especificador, o sea, al que había hecho el trabajo. El compilador Justiniano, emperador del siglo VI, resolvió que, si la obra podía deshacerse y la materia prima recobrarse, debería devolverse al dueño de la misma, y que el producto sería del especificador en caso contrario. El pastel, por ejemplo, sería del especificador, pues es imposible recobrar sus ingredientes en el estado original, pagando por supuesto, los materiales ajenos que usó.

El Código Civil y Comercial argentino, llama a la especificación, transformación, en el artículo 1957.