Concepto de fullero

Un fullero es que aquel que realiza fullerías, o sea trampas, o engaña con mentiras. Los fulleros son bribones y desvergonzados que se aprovechan de la ingenuidad de los demás o de que los ven desprevenidos, para lucrar o beneficiarse de alguna manera ilícita.

Es sinónimo de tahúr, y es muy común encontrarlos en las salas de juego, haciendo trampas, a veces muy astutas e ingeniosas, pero su actividad también conlleva un gran riesgo, por la furia que suele despertar en las víctimas si descubren que han sido burladas.

Otra acción habitual entre los fulleros es ir a algún comercio donde venden bebidas y alimentos, y luego irse sin abonar el consumo, haciéndose los distraídos.

Son estafadores, que realizan ilícitos menores, estafas pequeñas, y por ello, al ser aprehendidos, en general recuperan rápidamente la libertad, al ser delitos excarcelables por su mínima condena. Sin embargo, en ocasiones las acciones de los fulleros pueden cobrar grandes dimensiones haciendo estafas por sumas millonarias, contra particulares o el Estado, agravándose las penas si son funcionarios públicos o actúan con otros fulleros, conformando una asociación ilícita.

Un caso paradigmático es el de Carlo Ponzi, un italiano que emigró a Estados Unidos en el año 1903, a quien se acusó de fraude en nada menos que ochenta y seis casos. Su fullería consistió en captar inversores a quienes se les prometió enormes ganancias si lograban captar a otros inversores. Su fondo de inversión es conocido como “esquema Ponzi” y supone que los intereses de los capitales invertidos se lograrán obtener, del mismo capital del inversor y de los que se agreguen a la pirámide, que son los que aseguran el pago, ya que, de no ingresar más gente al sistema, es imposible pagar. El dinero aportado no se invierte en nada productivo, y sirve para financiar a los que están por encima en la pirámide.

¿Se imaginan a alguien vendiendo y a otro comprando el puente de Booklyn o la Estatua de la Libertad? pues, aunque parezca increíble esto ocurrió, y la originalidad fue de George C. Parker (1860-1936) que concibió la idea de presentarse como quien había construido el puente y les ofrecía a sus víctimas vendérselo, como un bien redituable ya que una vez que se constituyeran en sus dueños, podrían cobrar peaje. Lo hizo entre los años 1883 y 1928, y consiguió nada menos que cuatro mil quinientos compradores ilusos y codiciosos. Lo vendía dos veces cada semana. Sus fullerías le costaron la pérdida de su libertad para siempre, y la vida le jugó así, a él, también una fullería.