Concepto de lapidación

La palabra lapidación procede en su etimología del latín “lapidationis”, derivado de “lapidis” que significa “piedra”, designándose como lapidación a un método de ejecución de condenas, impuesto por el Antiguo Testamento, a los blasfemos, adúlteras y sus amantes, mujeres que se casan diciendo ser vírgenes y no siendo verdad, a quienes practiquen sodomía, a adivinos, a quienes no respeten a sus padres, entre otros casos.

Consiste en matar a una persona, que se encuentra inmovilizada, atada o enterrada en parte de su cuerpo, arrojándole piedras, por parte de la muchedumbre; lo que además de quitarle la vida, le impone al condenado, una larga agonía, pues, en general, se tarda en producir la muerte, pues tal efecto, no se consigue con la primera piedra arrojada. Se arrojan piedras para evitar tocar al contaminado por el pecado, pues puede resultar contagioso.

En la mitología griega, el ingenioso héroe Palamedes, hijo del rey Nauplio, fue acusado de traidor por Odiseo, en venganza, porque Palamedes lo había descubierto, cuando intentó no ir a la guerra de Troya, fingiendo locura. El ejército griego lo condenó a Palamedes, creyendo la mentira de Odiseo, de que Palamedes había aceptado oro de los troyanos; a morir por lapidación.

En la Biblia, Jesús, según el Evangelio, protegió y salvó a una mujer acusada de adulterio de ser apedreada, argumentando que todos somos pecadores e invitando a quien se reconozca libre de todo pecado a arrojar la primera piedra, lo que ninguno hizo.

Casos históricos

La filósofa, asceta y astrónoma egipcio romana, Hipatia, que vivió entre los años 355 y 415, fue lapidada por fanáticos cristianos, acusada de ser cercana al paganismo. Se señala a Cirilo de Alejandría como instigador del hecho.

San Esteban, diácono escogido para la distribución de comida, por los apóstoles, fue condenado a lapidación por acusación de blasfemia.

En la actualidad

Algunos países musulmanes aceptan la lapidación, la que debe probarse con al menos cuatro testigos presenciales y que no tengan intereses contrapuestos con el denunciado.

Uno de esos países es Irán, donde la mayoría de las condenadas son mujeres (7 de cada 10 reos son féminas).

En Nigeria, se aplica desde el año 1999, en 12 de sus 36 estados. Un caso emblemático fue el de Amina Lawal, que fue condenada a lapidación en el año 2003, acusada de adúltera al concebir un hijo fuera del matrimonio, pero una campaña mundial, organizada por Amnistía Internacional, logró salvarla, al anular el tribunal de apelaciones de la sharia, una condena tan dura. No tuvo igual suerte, el acusado de sodomía Jibrin Babaji, un joven nigeriano de tan solo 23 años, acusado de sodomía y condenado a lapidación, el mismo día de la liberación de Amina.