Concepto de caricia

Caricia procede, del italiano “carezza”, vocablo compuesto por el adjetivo “caro”, a su vez, del latín “carus”, que se traduce como “querido”, más el sufijo de cualidad “ezza”.

Una caricia es una demostración de afecto que se realiza tocando suavemente la piel, de cualquier parte de un cuerpo, generalmente, valiéndose de las manos, obteniendo en el acariciado, una sensación placentera. Pueden acariciarse objetos, plantas, personas y animales. A algunos de estos últimos, les encanta recibir caricias, especialmente a gatos, perros y caballos.

Pueden también acariciarse cosas, que nos traen recuerdos, como, por ejemplo, el retrato de un ser querido, y hasta pueden hacerse, auto-caricias.

Son muy frecuentes las caricias entre enamorados, como demostración cariñosa, y también como parte del acto sexual.

Una caricia puede manifestar amor, gratitud, reconocimiento, consuelo o deseo sexual, según los casos. Por ejemplo: “las caricias de su madre, fueron el mejor consuelo ante la enorme tristeza que sintió el niño por la pérdida de su mascota”, “El perro mimoso pide caricias todo el tiempo”, “Le ofrecí ayuda al anciano para cruzar la calle, y, agradecido, acarició mi mano” o “Los enamorados se acariciaban con pasión”.

Las caricias son necesarias en la niñez y durante toda la vida, para desarrollar una existencia afectiva saludable, para sentirse querido y valorado, lo que puede ayudar a superar momentos difíciles, reforzar la autoestima, y superar angustias y frustraciones.

Se debe enseñar a los niños que no deben dejarse acariciar `por extraños de ninguna forma (salvo un leve roce en sus mejillas, manos, cabeza) y por nadie, aunque sean conocidos, en sus zonas íntimas, las que solo a ellos les pertenecen, y sobre las que decidirán, en su vida adulta, por quienes se dejarán acariciar y tocar.

Las caricias, también pueden no representar un contacto físico entre seres vivos, sino que pueden provenir, de la sensación grata que nos produce el contacto con algún elemento de la naturaleza. Por ejemplo: “Esta hermosa mañana, siento sobre mi rostro, la caricia del sol, y eso me hace sentir muy contento”, “las olas del mar, acarician mi cuerpo, y siento su frescor, llenándome de paz” o “La brisa de la tarde, me acaricia y reconforta, luego de un día muy caluroso”.

Se aplica, como metáfora, a todo aquello que nos hace bien, que nos halaga y reconforta, por ejemplo: “Tus palabras comprensivas y elogiosas fueron una caricia para mi alma sufrida”, “Tu gesto solidario acarició mi espíritu” o “Ver a su patria fortalecida, es una caricia para el ex soldado que luchó por ella”.

La poeta argentina, Alfonsina Storni (1892-1938) tituló a uno de sus poemas “Caricia perdida”, donde se pregunta, quién será el que recoja la caricia, que, sin motivo, se escapó de las manos, y vaga, llevada por el viento.

La escritora estadounidense, Jennifer L. Almentrout, nacida en el año 1980, escribió la novela “La caricia del infierno” (2017). Trata de una adolescente, con su vida destrozada, que se encuentra rodeada de demonios a los que antes podía detectar, pero ha perdido esa capacidad.