Concepto de alfeñique

La palabra alfeñique tuvo origen en el sánscrito “phaṇita” nombre que designaba un concentrado de guarapo, siendo el guarapo una infusión preparada con frutos, cañas o savia, y que contiene mucha agua. Pasó posteriormente al persa, como pānid, luego a la lengua árabe clásica como “fānīd” y al árabe hispánico como “fa[y]níd”, para ser tomada más tarde por nuestro idioma. Era una confitura típica del Reino Nazarí, que se conocía como al-Fanid, preparada con azúcar, agua, un poco de miel y aceite de almendras dulces. La masa se cocinaba, se estiraba y se hacía con ella, unos dulces de formato alargado, que, además de su sabor delicioso, era empleada para tratar la tos.

El alfeñique se convirtió en una confitura tradicional en España, que llegó a Hispanoamérica, luego de la conquista del Nuevo Mundo, y adoptó distintas versiones según el país que la incorporó a sus tradiciones culinarias.

En el oeste boliviano y en Argentina, especialmente en las zonas productoras de caña de azúcar, como Tucumán, Salta y Jujuy, se los acostumbra hacer con forma redonda y anudada, como si se tratara de caramelos, y se emplean como ingredientes, melaza de caña de azúcar, y anís, en algunos casos.

Los alfeñiques, en Cali, capital del valle del Cauca, en Colombia, se conocen como macetas y tienen su propio festival, el día 29 de junio, fecha en la que se celebra el día del ahijado, donde los padrinos los agasajen con alfeñiques decorados.

En el norte de Perú tienen el formato de roscas o palitos, elaborados a base de chancaca o panela, agua, anís en grano, zumo de limón, y nueces o, alternativamente, maní.

En México se acostumbra consumirlos en el Día de los Muertos (2 de noviembre) con formas de calaveras, ataúdes, angelitos, cruces, frutas o animales, regalándoselos a los vivos.

En Botánica, se conoce como alfeñique o valeriana común, a una planta herbácea perenne, cuyo nombre científico, es Valeriana officinalis, típica de los bosques húmedos europeos o asiáticos. Tiene propiedades medicinales, ya reconocidas en tiempos de la antigüedad griega y romana, por sus efectos sedativos.

Por otra parte, también se le dice alfeñique, en forma despectiva, a aquella persona que se muestra físicamente débil y sin fuerzas. Por ejemplo: “El soldado mostró un gran coraje, aunque su aspecto era el de un alfeñique, y nadie tenía fe, por ello, en su capacidad para el combate” o “No puedes contratar a ese alfeñique para tareas tan pesadas, no resistirá ni al primer día de trabajo”.