Concepto de amor platónico

Para hablar de amor platónico debemos conocer, al menos, sintéticamente, quien fue Platón y qué pensamientos tenía sobre la existencia.

Este filósofo griego, alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles, creía que en sus orígenes nuestro mundo era caótico y conformado por materia informe. Solo existía un creador, llamado Demiurgo, y también, ideas. Demiurgo fue quien hizo el mundo material, copiándolo de las ideas. Solo éstas son verdaderas, siendo todo lo que vemos, oímos o tocamos, copias de ellas, imperfectas y perecederas.

Cuando nacemos, dejamos de ser una idea pura, y nos introducimos en un cuerpo cuya imperfección nos alcanza y nos separa de la verdad, pero como alguna vez compartimos ese mundo ideal y perfecto, podemos llegar a alcanzarlo, arribando en última instancia al fin supremo, que es el bien.

El modo de acceso a las ideas es el amor, que nos permite contemplar la belleza, primero física, pero luego la espiritual, para arribar así a lo perfecto y divino. El amor es el puente entre la materia y la idea, que eleva al alma hacia lo verdadero y lo eterno.

El término amor platónico procede del neoplatonismo, concretamente del humanista italiano Marsilio Ficino (1433-1499) quien tradujo la obra de Platón por encargo de los Médici. Para Ficino el amor es el deseo por la belleza, de lo físico, pero más que nada del alma.

Con el tiempo fue cambiando su significado, y hoy cuando hablamos de amor platónico nos referimos al amor ideal, soñado, inalcanzable, que no se concreta en lo físico sino en lo espiritual, aunque Platón no haya renegado de la sexualidad en el amor, sino que buscaba trascenderla hacia la espiritualidad.