Concepto de cautela

La palabra cautela se originó en idéntico vocablo latino, a su vez derivado de “cautus”, en el sentido de cuidadoso, prudente o precavido, más el sufijo instrumental “la”. Quien procede con cautela, es un individuo cauteloso.

La cautela es un modo de ser, de expresarse y/o de actuar, previsor y no arriesgado, que se caracteriza por manejarse en la vida con cuidado, despacio, y tratando de prever, y evitar los riesgos.

No solo las personas son capaces de actuar con cautela, los animales también la practican por instinto, por ejemplo, cuando un depredador se acerca a su presa, lo hace lentamente, para evitar asustarla, y poder así atraparla. Las personas no siempre son cautelosas, y en ocasiones corren riesgos adrede, pues les gusta sentirse en peligro, o porque son ansiosas e impetuosas, y se lanzan a decir o a realizar actividades poco prudentes, lícitas o no, que los exponen a sufrir consecuencias indeseables. Por ejemplo: “Debes proceder con cautela cuando se trata de negocios, no está mal tomar algunos reparos, y averiguar los antecedentes de las personas con quienes haces tratos comerciales”, “El cauteloso ladrón, estudió bien los movimientos de la entidad que pensaba asaltar, pero a pesar de que tenía todo aparentemente calculado, la policía lo atrapó” o “Debes hablar con más cautela sobre tus asuntos personales, no todos tienen buenas intenciones, y pueden divulgar tus secretos y que estos lleguen a personas que puedan usarlos en tu contra”.

La cautela supone una planificación en vistas a un objetivo, una actuación no precipitada y meticulosa, impropia de quienes son arrebatados y muy nerviosos.

Por otra parte, la cautela excesiva, puede llevar a paralizar las acciones y evitar el desarrollo personal y profesional, por ejemplo: “Es bueno ser cauteloso, pero si siempre estás pensando en los peligros, jamás progresarás”.

En el ámbito jurídico, se denominan medidas cautelares a aquellas que se toman, previa resolución judicial, para asegurar el cumplimiento de las obligaciones sujetas a litigio, en caso de que la demanda prospere. Un ejemplo de medida cautelar es el embargo preventivo, que inmoviliza el bien, a efectos de quedar sujeto al cumplimiento de una posible condena. Por otra, parte, la contracautela, es la garantía que debe dar el actor al demandado, para asegurarle el reintegro de los perjuicios sufridos, si su demanda no prospera, y la medida cautelar ha sido solicitada sin derecho.