Concepto de cemento

La palabra cemento procede del latín “caementum”, que a su vez procede del verbo “caedere” en el sentido de cortar. Se trata de una piedra dura y tosca, de cantera, que es difícil de ser trabajada.

El cemento en la construcción, de origen arcilloso o puzolánico, se usa como aglutinante hidráulico: es un compuesto de roca caliza y otra roca sedimentaria, la arcilla, previamente calcinadas y molidas, a la que le añade yeso; y que se mezcla luego con agua, grava y arena (estos dos últimos elementos son rocas carentes de cemento) para formar una preparación, fácil de manipular, pero que, al endurecer, queda como piedra. En algunos países, a esta resultante, se la conoce como concreto, y en otros, como hormigón.

Si bien se usó el cemento en varios Estados de la antigüedad, fueron los romanos los que se destacaron por el empleo de cemento puzolánico (se obtiene de material silíceo) en obras de ingeniería. En 1824 se inventó el cemento Portland, siendo su descubridor, el británico Joseph Aspdin, que le dio ese nombre por lo parecido que era con las piedras calizas de la isla de Pórtland, ubicada en el Canal de la Mancha (aunque no es parte de sus islas) en el condado inglés de Dorset. El color de este cemento es gris oscuro, aunque hay una variedad de gris claro, por su carencia de hierro, que se denomina cemento blanco.

El cemento de fraguado rápido es el que mezclado con agua endurece en poco tiempo al usarse hornos a menos temperatura. Es recomendado para pequeñas superficies, ya que en tramos grandes no da tiempo a terminar de colocarlo.
En Odontología, el cemento de los dientes es un tejido óseo compuesto por hidroxiapatita cálcica, ubicado en la raíz dental, que tiene irrigación e inervación. Por otra parte, se usan cementos dentales artificiales compuestos de un polvo y un líquido, para diferentes tratamientos odontológicos, para unir superficies y servir de barrera para el ingreso de bacterias.