Concepto de fango

Del germánico “fani”, la palabra pasó al latín y de allí al catalán como fang. De este último idioma llegó al castellano la palabra fango, que es sinónimo de lodo y de barro. El fango se forma por la mezcla de tierra y agua, cuando este último elemento supera lo que la tierra puede absorber (siendo la cantidad acuosa mayor al 95 %) y al quedar estancada, forma una mezcla pastosa, que contiene restos orgánicos, y que se hunde al pisarla.

El agua puede estar tanto en forma libre, lo que permite que se la separe por gravedad; en forma intercelular que necesita de un tratamiento térmico; o coloidal o capilar, requiriéndose en estos dos casos, primero usar medios mecánicos y luego, tratamientos químicos, para obtener la separación. Ejemplos: “Se ha formado fango en la calle de tierra luego de la lluvia” o “Ten cuidado al caminar por la orilla del río, el fango la hace resbaladiza”.

En las zonas fangosas suele haber peligro, tanto porque allí suelen albergarse las alimañas, como por la posibilidad de volverse el sitio intransitable, con el riesgo de que los peatones o los vehículos puedan hundirse en él, y ser difícil salir de esa situación: “Mi automóvil quedó varado en el fango y ahora tendré que sacarlo con una grúa”.
El fango, sin embargo, puede tener efectos beneficiosos en cuanto al aporte de fertilidad a la tierra: esto ocurrió con el río Nilo, en cuya orilla se asentó el pueblo egipcio en la antigüedad y usó su lodo con efectos curativos. Actualmente las mascarillas de fango se siguen usando en tratamientos de belleza facial. Además, luego de las inundaciones, se formaba sobre el fango del Nilo, una capa de limo, que lo hacían muy óptimo para el cultivo.

En otro sentido también se usa la palabra fango, para mencionar un lugar sucio y poco decoroso, por ejemplo: “Su dignidad fue arrastrada por el fango” o “Su nombre se sepultó en el fango al conocerse las atrocidades que cometió”.