Concepto de gato

La palabra gato se originó en el latín “cattus” término que recién aparece en el siglo V, tal vez derivado de la lengua afroasiática, equivalente al de “feles” que se utilizó primero y de donde derivó la palabra felino, para nombrar a un animal carnívoro, cuadrúpedo, mamífero, con todos sus sentidos muy desarrollados, que se comunica a través de maullidos y ronroneos, y que se ha adaptado muy bien a la vida doméstica. Adoptados ambos términos, comenzó a reservarse la denominación de “cattus” para los que eran salvajes, reservándose “felis” para los domesticados.

Como ya dijimos, un primer uso del término es para designar a las simpáticas mascotas que desde los comienzos de la historia humana han sido domesticadas para ser usadas como animales de compañía, y para utilizar su extremada habilidad de cazar ratones, siendo muy famosos, por ello, los egipcios, que los consideraron sagrados.

En la Edad Media, los gatos, perdieron su antiguo prestigio pues se los asoció a la brujería, relacionándolos con dioses politeístas como la griega Hécate, o la nórdica Freya, vinculadas a la hechicería. La superstición, por ese motivo, sigue asociando con la mala suerte, a los gatos de color negro. El cruzamiento y las mutaciones en sus genes han dado origen a muchas especies de gatos. Su pelaje es de distintas tonalidades y sus ojos, en general, verdes, aunque los siameses los tienen celestes. Algunas pocas especies, carecen de pelo o de cola larga.

Por extensión, en el Río de la Plata, se utiliza para llamar así a las prostitutas y a sus clientes, y también a la peluca que usan los hombres calvos para disimular esa característica, por la similitud con el animalito, que tiene su cuerpo cubierto de pelos.

Un gato, también, es un dispositivo que puede ser accionado manualmente mediante una palanca o manivela, o valiéndose de un compresor de aire o de un motor eléctrico, que se utiliza para levantar pesos a no demasiada altura con diversos fines. Es muy común usar un gato para cambiar las ruedas de los vehículos, pues es necesario elevarlos para poder llevar a cabo la tarea, y son muy pesados.

También el gato es una danza tradicional, que forma parte del folklore uruguayo, argentino, paraguayo y boliviano, aunque en Argentina es donde alcanzó mayor arraigo. Las parejas bailan sueltas y enfrentadas, en un ritmo alegre y rápido, interpretando un juego amoroso, de persecución y galanteo sutil del caballero a la dama. Hay vueltas enteras y medias vueltas, giros, zapateos y zarandeos.