Concepto de timbre

La palabra timbre nos llegó desde el griego τύμπανον (léase, týmpanon) derivado de τύπτω (týpto) que se traduce como "golpear". El latín la tomó como “tympanum”, y de allí pasó al francés como timbre, para arribar, finalmente a nuestro idioma.

En el siglo XIV, se empezó a usar timbre para nombrar a las campanas y otros llamadores, que indicaban la presencia de una persona que venía de visita y quería ingresar al recinto, mediante la emisión de un sonido, o para efectuar un requerimiento, para dar un recado o ser asistido. Los timbres, como llamadores, fueron evolucionando en su diseño y complejidad, pero su necesidad sigue siendo constante. Por ejemplo: “Cuando llegues a casa no toques el timbre, solo golpea la puerta despacio, pues está durmiendo mi madre”, “Toca varias veces el timbre, pues suena bajo, y a veces no logro escucharlo” o “Le coloqué un timbre a mi abuelo al lado de su cama, para que pueda llamarnos si necesita algo, ya que está imposibilitado de caminar”.

Otro uso primitivo del término, fue en Heráldica, donde timbre se aplicaba al casco de la corona del remate del escudo de armas, indicativo de la calidad o grado de nobleza, de aquel que lo poseía.

Luego, comenzó a extenderse su uso, designando a los sellos postales o estampillas, y a cualquier tipo de sellado oficial que valida una documentación. Ejemplos: “Fíjate en el timbre postal para saber la fecha en que se envió esta correspondencia” o “El contrato debe timbrarse para que pueda ser presentado como prueba en un proceso judicial”.

Los timbres, son, además, impuestos indirectos que gravan los negocios jurídicos, documentados de algún modo, y que se hacen efectivos a través de un documento estatal o adhiriéndoles un sello. Como impuesto directo fue establecido por Parlamento inglés, a través de la Ley del Timbre, para sus trece colonas americanas, en el año 1765, que exigía un sello o timbrado fiscal para los documentos (revistas, diarios o papeles legales) pagadero en moneda británica.

Con respecto a los sonidos, es su calidad distintiva, que nos permite diferenciarlos, pudiendo tratarse de la voz humana o de los sonidos musicales, resultando de la combinación de varios parámetros: la amplitud temporal, el espectro y la intensidad.

A igual sonoridad, duración y altura de un sonido, el timbre es lo que permite reconocerlos, estando determinado por los armónicos que acompañan al principal. Así, podemos distinguir el sonido de un piano, del de una guitarra, una lira o una flauta, o dos notas en un mismo instrumento o dos voces humanas o de animales.